miércoles, 25 de julio de 2018

Una Patria Celestial


8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.
9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;
10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria;
15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se averg:uenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
Hebreos 11:8-10, 13-16

Abraham esperaba la Ciudad, Cuyo Arquitecto y Constructor
es Dios
En esta porción de la Escritura, el Apóstol Pablo sintetiza de cómo el patriarca Abraham, en obediencia a la voz de Dios, salió de su tierra natal, en Ur de los Caldeos, para venir y habitar a lo largo de Canaán, la tierra que Dios le prometió entregar para él y su descendencia. El apóstol, tras leer el mismo registro que nosotros tenemos del libro de Génesis, donde se narra la travesía de los patriarcas, concluye que Abraham, Isaac y Jacob habitaron como extranjeros en la tierra prometida, “como en tierra ajena” y que, señal de ello, fue que habitaron en tiendas, no edificando casas, y menos ciudades; para, en el v. 10, explicar el porqué de esta actitud nómada, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”

Cuando escudriñamos las ciudades que fueron establecidas desde Adán hasta Abraham, notamos que éstas fueron establecidas por la descendencia de Caín (Cap. 4) y, después, por la descendencia de Cam (Cap. 10); mientras que la descendencia de Set, hijo de Adán en sustitución de Abel, “su semejanza, conforme a su imagen” (Génesis 5:3) y, más tarde después del diluvio a través de la línea piadosa de Sem, ellos vivieron -prácticamente- nómadas, en carpas porque, sin duda alguna y al igual que Abraham, anhelaban “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”

En el Salmo 127:1ª se dice: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican…”. Del mismo modo, si Jehová no establece una ciudad, en vano los que la establecen o fundan. Conocemos, a través de la historia universal, de ciudades que fueron la admiración de generaciones venideras, por su gloria y esplendor, y porque vieron la aparición de personalidades que aportaron para engrandecerlas; pero que, al cabo del tiempo, desaparecieron bajo el manto del polvo y el olvido. Hoy mismo los arqueólogos descubren estas ciudades, de las cuales solo queda vestigios de una grandeza de la cual se vanagloriaron en el pasado.

Abraham estaba convencido que, si Dios no fundaba la ciudad, todo proyecto sería un fracaso. Él anheló una ciudad con fundamentos o cimientos tan estables como la eternidad y, mientras no venía a establecerse esta ciudad, en tanto no la recibió en su tiempo, ni en el tiempo de Isaac, su hijo, y su nieto Jacob, él la miró de lejos (en el futuro), creyendo la promesa y saludándola, esto es, gozándose porque él creía que sería una realidad en algún momento de la historia y, por consiguiente, “confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”, sobre una tierra que, inclusive, Dios les había prometido dar en heredad: “[Yo te] la daré a ti y tu descendencia para siempre.” (Génesis 12:7; 13:14-15; 15:18-21).

14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria;
15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
Hebreos 11:14-16

¿Qué es una patria?

En el diccionario de la RAE (Real Academia Española) se dice: 1. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos históricos, afectivos o jurídicos. 2. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.

Pero en el griego, idioma en que fue escrito el Nuevo Testamento, obstante que -prácticamente- se dice lo mismo respecto a la palabra “patria” (Del Gr. Patris, significando tierra patria, i.e. población nativa, patria, tierra); advertimos que esta palabra tiene la misma raíz que la palabra “patriarca” (Del Gr. Patriarjes, significando progenitor, descendencia [ascendencia] paternal). Esto es, cuando Abraham buscaba o anhelaba una patria, él estaba anhelando volver a sus raíces, a sus orígenes.

Abraham buscaba o anhelaba una patria digna de él y, en el v. 16, el apóstol hace esta precisión, “una mejor”. En el griego, la palabra “mejor” se escribe “kreitton”, y significa más fuerte; mejor, i.e. más noble; lo que nos da una idea de estabilidad y confiabilidad; y, seguidamente, él concluye “una celestial”, una patria tan fuerte o estable como la inquebrantable justicia que se guarda e impera en los cielos, donde mora Dios.

En Mateo 6:10, el Señor Jesús, enseñándonos a orar, dijo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”; y, tras Su sacrificio en la cruz, donde se consumó el perdón de nuestros pecados, y con el advenimiento del Espíritu Santo, Dios mismo habitando en hombres y mujeres arrepentidos de sus pecados, el Reino de los Cielos se está manifestando sobre la tierra; el reino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17), gobernando sobre las vidas de quienes gustamos las Palabras del Reino (Mateo 13:19). De hecho, solo los que oyeron, creyeron y obedecieron las Palabras del Reino, solo ellos recibieron el Espíritu Santo de la promesa a lo largo del libro de Los Hechos, la promesa que anhelaron Abraham, Isaac y Jacob, y todo santo desde entonces, para vivir sujetos a la justicia de Dios, considerando Su Palabra, Su consejo en todo momento y lugar.

El Señor Jesús nos prometió ir a prepararnos morada en la Casa de Dios, el Cielo y, muy probablemente, Él ya los tiene listos hoy; y solo resta que el último pecador predestinado venga al arrepentimiento, sea bautizado en las aguas invocando el Nombre de Jesús, le sean perdonados sus pecados y reciba el Sello del Espíritu Santo y, tan luego esto ocurra, la dispensación gentil habrá llegado a su fin, Dios se volverá a los judíos, la primera resurrección y el rapto de los verdaderos cristianos tomará lugar. El Apóstol Pedro dice lo siguiente:

9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, !!cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!
13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

2 Pedro 3:9-13

Y el Hermano Branham da detalles de cómo esta Patria Celestial, la Nueva Jerusalén, se establece tras Dios limpiar -primeramente- esta tierra para hacerla habitable:

144 El hace con la tierra, la cual Él va a usar en un plan de redención, de la misma manera. Se arrepintió y fue bautizada en agua, en...por Noé. Jesús vino y la santificó, al derramar Su Sangre sobre ella, y la reclamó. Y en la Nueva Tierra que ha de venir, ha de tener un bautismo de Fuego santo, para limpiarla de todo demonio, todo germen, toda enfermedad, todo lo que hay, y hacerla de nuevo. “Vi un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva”.
193 Y, nuevamente, en Mateo 5:5, Jesús dijo: “Los mansos recibirán la tierra por heredad”. No van a, sólo a tener otra tierra. Simplemente va a ser la misma tierra. Estoy tratando de traerles el—el plan de redención a Uds., antes, si no toco nada más, ¿ven? El bautismo de Fuego, en ella, sólo es para limpiarla y hacerla un lugar apropiado para que Sus mansos vivan en él. ¿Ven? ˇOh!
     194 Así como nos hizo a nosotros, Su creación, para vivir en ella. Antes de que El pudiera entrar en ella, Él tenía que darnos el bautismo de Fuego; luego el Espíritu Santo entra y vive, bautismo de Fuego. Entonces, cuando uno recibe ese bautismo de Fuego, entonces el Espíritu Santo puede entrar. ¿Qué? A medida lo hace, quema todo lo contrario a la Palabra, de uno. ¿Ven? No va a creer nada más sino la Palabra, porque es la Palabra. ¿Ven? ¿Ven? ¿Ven?
64-0802 El Futuro Hogar Del Novio Celestial Y La Novia Terrenal

Sí, “cielos nuevos y tierra nueva en las cuales mora la justicia”; y esa es la patria que Abraham anheló para vivir y que, por ello mismo, dejó la corrupta Ur, y ni pensó retornar allí; pues, si hubiera estado pensando en aquella de donde salió, ciertamente tuvo tiempo para volver (Hebreos 11:15); pero, tanto él como Isaac y Jacob, y todo santo desde entonces, anheló el Reino de Dios y Su justicia (Mateo 6:33), el Espíritu Santo morando en nuestros corazones, siendo guiados a toda Verdad (Juan 16:13); y, porque Él declaró: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5), entonces vamos a heredar esta tierra, un mundo nuevo donde moran la justicia, donde ya no habrá pecado; y esa es la patria que todo santo e hijo de Dios anhela igualmente como Abraham, una patria o estado o reino donde no hay corrupción, no hay malicia ni codicia, no se practica la mentira y tampoco el robo, no se defrauda, no se fornica o adultera mancillando el lecho matrimonial, no se practica toda forma de perversión sexual que hoy nuestros gobernantes pretenden legalizar como naturales o normales. Esa es la patria o la tierra a la que anhelamos retornar para encontrarnos con todos los santos de todos los tiempos y, lo que es más sublime aún, en la Presencia de Aquel que nos amó y compró esta Patria Celestial, un Reino de Justicia, la Nueva Jerusalén, en la Presencia de nuestro Señor y Dios Jesucristo. Amén.

jueves, 14 de junio de 2018

Palabras de Aliento: La Resurrección


Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él.
Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
1 Tesalonicenses 4:13-14 y 18

L
a muerte siempre produce tristeza, congoja, y hasta depresión; y, cada vez que esta mal venida invitada tocó nuestra puerta, o la de un familiar o vecino cercano, hemos reaccionado ante ésta según la fe que tengamos en el conocimiento acerca de la muerte, y la consoladora verdad acerca de la resurrección de los muertos.

En el Antiguo Testamento, ya tenemos el claro registro de que, quienes partían de esta vida presente, simplemente “dormían” con sus padres (Ejemplo: 1 Reyes 2:10), o se reunían con ellos; por lo que, ya por aquellos tiempos, el pueblo de Dios sabía que tras la muerte solo había un periodo de tiempo tras lo cual, tras “dormir”, el pariente que partió sería despertado para una existencia eterna (Job 19:25-27).

Como todos sabemos, Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26; 5:1) y, por consiguiente, lo hizo para vivir eternamente; y solo, para asegurarle que viviera eterno o para siempre, le aconsejó que no comiera del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Sin embargo, Adán y su mujer comieron de este árbol y, desde entonces, la muerte ingresó en la humanidad y toda la economía de la creación, una creación que -igualmente- fue concebida con sentido para existir eternamente y sin corrupción. Amén, porque en Romanos 8:21 se nos declara quela creación misma será libertada de la esclavitud de esta corrupción, tan luego la adopción o transformación de nuestros cuerpos ocurra tras la resurrección o el despertar de los que duermen en Cristo.

Luego, los profetas anticiparon la vida eterna y, por evidente, la resurrección de los justos (Isaías 26:19; Daniel 12:2,3 y 13); porque en la eternidad este mundo (también renovado para entonces) solo va a estar poblado por justos (Salmo 37:29); y, en días de nuestro Señor Jesús, es evidente que los judíos tenían un concepto limitado y hasta distorsionado de esta consoladora Verdad, por lo que las palabras del Señor, registradas en los 4 Evangelios, no solo corrigen esta limitación y distorsión, pero consecuentemente traen un profundo consuelo al alma del creyente.

Por ejemplo, en Mateo 9:18-26 (compárese con Marcos 5:21-43 y Lucas 8:40-56) se relata la resurrección de la hija de Jairo, un principal en el pueblo. En los versículos 24-25, se registra lo siguiente:

24 les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él.
25 Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.

Y, en Lucas 7:11-17, un pasaje que nos habla de la empatía del Señor cuando, compasivo, resucitó al hijo de una mujer viuda, su único hijo que era su sostén.

En Juan 5:21-29, el Señor declara Su autoridad para resucitar a los muertos:

21 Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
27 y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

En Juan 6:40, el Señor declara: “Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna; y Yo le resucitaré en el día postrero.

Y, en Juan 11:11, cuando la muerte y resurrección de Lázaro, el Señor afirma: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.” ¡Aleluya! Y, más adelante en los versículos 38 al 44 de este capítulo, podemos leer de cómo aconteció esta gloriosa resurrección.

Finalmente, en Juan 16:16-24, cuando Él les está declarando a Sus discípulos, que Él sería quitado de entre ellos, en tanto esta noticia les causó tristeza, Él termina afirmándoles estas consoladoras palabras acerca de Su resurrección y reencuentro con ellos, poco antes de ascender al cielo:

20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.
21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.

Con esta grande Verdad en sus corazones, y confortados o fortalecidos por la presencia del Espíritu Santo prometido, los discípulos dieron testimonio de la resurrección del Señor y de los muertos en Cristo, los que “duermen”: Hechos 1:22; 2:24, 30 y 31; 3:26; 4:2 y 33; 5:30; 10:40; 13:30, 34 y 37; 17: 18, 31 y 32; 23:6 y 8; 24:15 y 21; 26:23 y, en las cartas apostólicas, Romanos 1:4; 4:24; 6:5; 10:9; 1 Corintios 6:14; 15:12; 15:13, 21 y 42; Filipenses 3:10 y 11; Colosenses 2:12; Hebreos 6:2; 11:19 y 35; y 1 Pedro 1:3; 3:21. Y de aquí que el apóstol empieza diciendo a los tesalonicenses de entonces, y a creyentes de todos los tiempos: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él.” (1 Tesalonicenses 4:14).

La ascensión de los muertos y transformados en Cristo

En 1 Corintios 15:51-58, el apóstol da por menores de este glorioso evento de la resurrección y transformación de nuestros cuerpos, de todos aquellos quienes hemos creído en Él y Su Evangelio, no en cualquier doctrina contraria al Espíritu de las Escrituras, la Biblia; por lo que les insto a volver sus corazones al Dios de la Biblia, único en ser digno de todo honor, alabanza y adoración; Él es la Roca de la Eternidad; porque de Él son las promesas de Vida Eterna, y para los que guardan Su Palabra (tras leerla en Espíritu de oración, con genuino interés) y obedecer Sus mandamientos.

Cuando el apóstol Pablo llegó al final de sus días en esta parte de la vida, sabiendo que pronto iba a ser ejecutado -injustamente- por las autoridades romanas; él no se deprimió ni acobardado pidió clemencia o indulto; no, él no hizo estas cosas; pero, fortalecido por la fe en la Verdad de la Vida Eterna, que destruirá a esta muerte pasajera, exclamó estas magistrales palabras:

6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.
7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

¿Por qué Pablo tuvo la entereza para hacer una declaración así? -Porque él conocía la Resurrección y la Vida, él conocía a Jesús.

En Apocalipsis 20:4-5 se nos hace referencia a la primera resurrección; mientras que la segunda resurrección ocurrirá después del Milenio, tras el juicio ante el Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-15).

“Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:18). Amén, Señor Jesús. Amén.

martes, 12 de junio de 2018

Tome su cruz cada día, y sígame

¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo, “Tome su cruz cada día, y sígame” (Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23)?

C
omencemos con lo que Jesús no quiso decir. Muchas personas interpretan la “cruz” como una carga que deben llevar en sus vidas: una relación tensa, un trabajo ingrato, una enfermedad física. Con orgullo autocompasivo, dicen, “Esa es mi cruz que tengo que llevar”. Dicha interpretación no es lo que Jesús quiso decir cuando dijo, “tome su cruz cada día, y sígame”.

Cuando Jesús llevó Su cruz hasta el Gólgota para ser crucificado, nadie estaba pensando en la cruz como símbolo de una carga que había que llevar. Para una persona en el primer siglo, la cruz significaba una cosa y sólo una cosa: la muerte por la forma más dolorosa y humillante [Gálatas 3:13; Deuteronomio 21:23] que los seres humanos podrían soportar.

Dos mil años después, los cristianos ven la cruz como un símbolo valioso de la expiación, perdón, gracia y amor de Dios; pero en los días de Jesús, la cruz representaba solamente muertes tortuosas. Puesto que los romanos obligaban a los condenados llevar sus propias cruces al lugar de la crucifixión, el llevar una cruz significaba llevar su propio mecanismo de ejecución mientras se enfrentaban al ridículo por el camino a la muerte; y, como un leproso que estaba instruido a proclamar su inmundicia, exclamando “Inmundo”, cada vez que pretendía acercarse al campamento o pueblo; así, la cruz era para el judío una proclama, una exclamación de su maldición, lo que seguramente les significaba una grande humillación.

Por lo tanto, “tome su cruz cada día, y sígame” significa estar dispuesto a morir con el fin de seguir a Jesús. Es un “morir a sí mismo”. Es un llamado a la entrega absoluta, sin reservas ante Dios. Después que Jesús ordenó llevar la cruz, dijo, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:24-25; Mateo 16:26; Marcos 8:35-36). Aunque el llamado es difícil, la recompensa es incomparable.

Dondequiera que Jesús iba, Él atrajo a multitudes. Aunque estas multitudes a menudo lo seguían como el Mesías, Su punto de vista de quién realmente era el Mesías y lo que iba a hacer, estaba distorsionado. Pensaron que Cristo traería consigo la restauración del reino. Creían que los liberaría del régimen opresor de sus ocupantes romanos. Incluso el propio círculo íntimo de los discípulos de Cristo creían que el reino vendría inmediatamente (Lucas 19:11). Cuando Jesús comenzó a enseñar que iba a morir a manos de los líderes judíos y los gentiles feudales (Lucas 9:22), Su popularidad se vino abajo. Muchos de los seguidores escandalizados lo rechazaron. Verdaderamente, no fueron capaces de dar muerte a sus propias ideas, planes y deseos, para intercambiarlos por los de Jesús [porque eso es lo que implica, fundamentalmente, el “tome su cruz cada día”]. En Mateo 16:24, el Señor agrega algo fundamental para el éxito de nuestro llamado, el “negarnos a nosotros mismos”; porque, como bien lo dice el Proverbio 3:5-8, “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”, en tu propio saber.

Seguir a Jesús es fácil cuando la vida va muy bien; pero nuestro verdadero compromiso con Él se revela durante las pruebas. Jesús nos aseguró que las pruebas vendrían a los que lo seguían (Juan 16:33). El discipulado exige sacrificio, y Jesús jamás ocultó ese costo.

En Lucas 9:57-62, tres personas parecían dispuestos a seguir a Jesús. Cuando Jesús los cuestionó más adelante, su compromiso fue a medias en el mejor de los casos. Fallaron al no medir el costo de seguirlo. Ninguno estaba dispuesto a tomar su cruz, crucificando sus propios intereses.

Por lo tanto, Jesús apareció para disuadirlos. ¡Qué tan diferente a la típica presentación del evangelio, hoy! ¿Cuántas personas podrían responder a un llamado al altar que fuera, “Vamos a seguir a Jesús, y a enfrentar la pérdida de los amigos, la familia, la reputación, la carrera y, posiblemente hasta su vida”? [Sin embargo, hay también la posibilidad de traerlos a todos al Reino y genuino compañerismo o comunión con Dios]. El número de falsos convertidos disminuiría. Éste llamado es lo que Jesús quiso decir cuando dijo, “tome su cruz cada día, y sígame”.

Si te preguntas si estás dispuesto a tomar tu cruz, considera lo siguiente:
“¿Estás dispuesto a seguir a Jesús, si esto significa perder a algunos de tus amigos más cercanos?
“¿Estás dispuesto a seguir a Jesús, si esto significa la alienación de tu familia?
“¿Estás dispuesto a seguir a Jesús, si esto significa la pérdida de tu reputación?
“¿Estás dispuesto a seguir a Jesús, si esto significa perder tu trabajo?
“¿Estás dispuesto a seguir a Jesús, si esto significa perder tu vida?

En algunos lugares del mundo, estas consecuencias son una realidad. Pero observa que las preguntas están redactadas, “¿Estás dispuesto?”. Seguir a Jesús no significa necesariamente que todas estas cosas te van a pasar, pero ¿estás dispuesto a tomar tu cruz? Si llega un punto en tu vida donde te enfrentas a una elección - Jesús o las comodidades de esta vida, tu reputación, Etc., ¿qué elegirías?

El compromiso con Cristo significa tomar la cruz cada día, renunciando a las esperanzas, sueños, posesiones, incluso la propia vida si es necesario por la causa de Cristo. Sólo si voluntariamente tomas tu cruz estás en condiciones para ser Su discípulo (Lucas 14:27). La recompensa vale la pena. Jesús siguió Su llamado de muerte a Sí mismo (“tome su cruz cada día, y sígame”) con el don de la vida en Cristo: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25).

[Trabajo tomado de la web: https://www.gotquestions.org/Espanol/toma-tu-cruz.html, aunque editado en algunas pocas partes]

miércoles, 6 de junio de 2018

Israel, el Reloj para la Iglesia...


Y la Iglesia, el Reloj para Israel

12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?
15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?
25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito:
    Vendrá de Sion el Libertador,
    Que apartará de Jacob la impiedad.
27 Y este será mi pacto con ellos,
Cuando yo quite sus pecados.
Romanos 11:12, 15, 25-27

M
ediante estas citas Bíblicas, el apóstol Pablo parece relacionar a ambos pueblos: Israel y la Iglesia, en el desarrollo de lo que serían los últimos acontecimientos en este mundo, en relación con la redención de ambos pueblos.

1 Corintios 15:51-58 y 1 Tesalonicenses 4:13-18 nos revelan el momento mismo de la resurrección de los muertos en Cristo (los que duermen), y la transformación o glorificación () de nuestros cuerpos -justamente con ellos- para ascender al cielo y encontrarnos con el Señor Jesús en las nubes; “y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17); pero Romanos 11 nos revela más información para entender que los últimos acontecimientos de la Iglesia están, inevitablemente, en gloriosa relación con el remanente de Israel, los 144,000 de Apocalipsis 7:1-8.

Aquí, en Romanos 11, el apóstol declara que todo cuanto sucedió a Israel gravitó en beneficio de la Iglesia: “su transgresión es la riqueza del mundo, … su defección [es] la riqueza de los gentiles”; y, siguiendo esa misma dinámica de deducción, concluye preguntándose: “¿cuánto más su plena [o total] restauración?”. Nótese que él no dice “cuánto menos”, sino “cuánto más”, para significar que la restauración de Israel redundará en aún mejores consecuencias en beneficio de la Iglesia en comparación con la bendición que nos ha resultado -hasta ahora- la transgresión y defección de Israel; para, y con esta misma dinámica deductiva, concluir en el v. 15:

15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?

¿A qué se está refiriendo el apóstol? A la resurrección de los muertos en Cristo.

Hoy, la Iglesia disfruta la reconciliación por causa de la exclusión y defección de Israel; pero, pronto, muy pronto, verá la resurrección de sus muertos cuando Israel sea admitida; y, para entender esta mecánica de la admisión, el apóstol incluye la figura de un Olivo, su raíz y ramas; donde Israel es el Olivo natural, mientras la Iglesia Gentil el Olivo silvestre; ambos sostenidos por la misma Raíz, Dios.

17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,
18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.
20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.
21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.
22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.
23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.
24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?
Romanos 11:17-24

Esto me recuerda a la declaración del apóstol en Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” ¿Verdad que sí? Porque el anhelo de Dios siempre fue la unidad de Su pueblo, Israel e Iglesia Gentil; todos en una única Iglesia constituida por Sus escogidos.

Finalmente, esta dramática relación entre la Iglesia e Israel; que los hechos que le acontecen a Israel redundan en beneficio de la Iglesia; ahora, y como en respuesta, lo que le acontece a la Iglesia redundará en beneficio de Israel, el remanente, resto o restante, los que faltan para la cumplir también la plenitud de Israel.

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
26 y luego todo Israel será salvo…
Romanos 11:25-26

Así, las experiencias finales de la Iglesia e Israel parecen estar muy estrechamente afectadas, tanto así que el desenlace de la una tendrá enorme significado e influencia para la otra y, en particular para la Iglesia, no bien ésta vea a Israel siendo vuelta a ser visitada por Dios, y admitida o injertada en el Olivo (el Reino de Dios), tal como nos lo relata el apóstol en este capítulo 11 de Romanos, esto causará que la Iglesia Verdadera, los escogidos, no bien haya entrado el último predestinado (la plenitud de los gentiles), arda en profunda fe y regocijo, al ver que su redención, tantas veces proclamada desde días del mismo Señor Jesús (Lucas 21:28), está cerca, a las puertas; que es inminente; y, con corazones plenamente santificados en fe viva, acontecerá la resurrección de los que duermen o muertos en Cristo y, seguidamente, la transformación de nuestros cuerpos, para dar lugar a la manifestación y libertad gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:18-23), poco antes de ascender (con cuerpos glorificados que superarán la gravedad de la tierra) al cielo y encontrarnos con el Autor y Consumador de esta preciosa fe, nuestro Señor Jesús, en las nubes, y para siempre jamás.

Si este pequeño estudio es correcto (no digo que lo sea, pero es lo mejor que percibo serán estos últimos acontecimientos entre la Iglesia e Israel, conforme lo rescato de estas Escrituras), y siendo que Israel pasará por la Gran Tribulación, entonces es muy posible que la Iglesia también pase por lo mismo o, a lo sumo, lo vea muy de cerca hasta ser levantada o arrebatada (el rapto) de la tierra al cielo. Pero si lo expuesto aquí no es acertado, lo cierto es que todos estos acontecimientos están muy cercanos, porque Israel está reverdeciendo (Mateo 24:32); de una u otra manera, Israel es respetada por un mundo que repudió al judío inmigrante, y con la complicidad de la Iglesia Católica e, inclusive, muchas iglesias denominacionales; y, en cualquier momento, Dios los visitará mediante estos dos olivos o profetas (porque ellos solo reconocerán a sus profetas, plenamente vindicados o probados ser profetas) de Apocalipsis 11:1-14, durante el Segundo Ay (v. 14), quienes conmocionarán el mundo con las señales que manifestarán en el poder del Espíritu Santo.

6 Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.
Apocalipsis 11:6

2 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,
3 diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.
4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.
Apocalipsis 7:2-4

Sí, es evidente que estos 144,000 israelitas, el remanente, resto o restante de Israel, reaccionará positivamente a la prédica de sus dos profetas, y los reconocerán por las señales sobrenaturales que harán, como en tiempos de Moisés y Elías; tras lo cual creerán el mismo Evangelio que hoy disfruta la Iglesia de Jesucristo y, arrepentidos, serán bautizados (sumergidos) en agua invocando el Nombre de Jesús, para el perdón de sus pecados, y recibirán el Espíritu Santo de la promesa, tal y como lo instruyó -por primera vez- el apóstol Pedro en Hechos 2:38. Así es como estos 144,000 israelitas serán sellados con el Espíritu Santo; con lo cual, muy seguramente, estarán más que capacitados para soportar la Gran Tribulación, antes que contaminarse con el mundo, el dominio de la Bestia y la Imagen de la Bestia; antes de aceptar la abominable Marca de la Bestia, el 666 (según lo enseña el Rev. Branham, es la doctrina de la trinidad; que los genuinos judíos o israelitas jamás recibirán).

27 También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo;
28 porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.
Romanos 9:27-28

Que así sea, Señor Jesús. Amén.

jueves, 17 de mayo de 2018

Huid de la fornicación


18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre [la mujer] cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
1 Corintios 6:18

L
a palabra fornicación se traduce del griego porneía que, como lo podrán reconocer, da base para referirnos a la pornografía.

Hoy en día, la fornicación, tal como la entendemos, como una relación sexual antes del matrimonio, se ha convertido en una práctica “normal” entre los jóvenes e, incluso, adolescentes; y, entre otras razones, porque no tienen el matrimonio en perspectiva, no lo consideran; y no lo consideran porque no están aptos o capaces para hacer acuerdos o compromisos que garanticen la permanencia de una relación en matrimonio.

En efecto, muchas jovencitas -seguramente- se han visto “obligadas” a ceder su virginidad a cambio de nada para, tristemente, convertirse en señoras, ya no señoritas o doncellas. Hoy es muy común tratar a muchas mujeres de la televisión, a aquellas que parecen ser jóvenes, con el formulismo de señoritas cuando, por el parlamento que se les escucha, jactándose de haber tenido más de un enamorado o viviendo en pareja con uno en la actualidad, todo nos indica de que ya no son señoritas sino señoras; y, porque tienen relación sexual con uno y otro hombre, estarían pecando hasta de adúlteras.

El apóstol Pablo nos dice que, quien fornica, peca contra su propio cuerpo. Una vez más, conviene que usemos el sentido que le da la Biblia al acto de fornicar, que no es solo tener sexo antes del matrimonio pero, aún más y peor, es tener sexo cual una prostituta; la fornicación es prostituirse.

En efecto, cuando buscamos en el Nuevo Testamento por casos de prostitución o rameras, vemos que tales expresiones se escriben en el griego justamente como porneía, que es la misma palabra que en griego sirve para designar la fornicación y que, como lo podrán apreciar, es una palabra que da base a la palabra y acto de la pornografía. Pornografía, según el diccionario de la lengua española (RAE), es la presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación. Por ejemplo:

15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.
16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
1 Corintios 6:15-16

1Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas;
5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
15 Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.
16 Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego;
Apocalipsis 17:1, 5, 15 y 16

2 porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.
Apocalipsis 19:2

Aquí la expresión ramera se lee en el original griego como pórne, como el femenino del masculino pórnos; y, como lo podemos reconocer, tiene similar construcción gramatical a la expresión fornicación o porneía.

Lo que trato de despertar entre ustedes es que, la práctica de la fornicación, muy arraigada entre nuestros jóvenes y adolescentes, muy probablemente o en casi todos los casos manifiesta el miserable comportamiento de una prostituta o prostituto (para el caso de un varón) porque, a la semejanza de una prostituta, y porque lo vemos en las prácticas “amorosas” de nuestros adolescentes y jóvenes, en la manera cómo ellos interactúan con el solo propósito de consumar el sexo, muchas jovencitas “venden” su virginidad a cambio de una galantería, una exquisita comida, la suntuosidad de un presente (digamos, un smartphone o una laptop, ¿verdad?), o una invitación para ver una película de estreno en un cine de Miraflores o San Isidro o, como sucede en muchos casos, por no sentirse solas y/o despreciadas. ¡A cambio de nada! Muchas de las veces el joven usa la frase, harta conocida, de “dame la prueba de tu amor”, y la jovencita, sin conocer el verdadero amor, que el amor SIEMPRE tiene un componente de RESPETO, a cambio de vanidades “vende” su virginidad, prácticamente regalándola.

El apóstol dice que quien fornica peca contra su propio cuerpo; esto es, que uno trasgrede una norma ética, moral y espiritual al permitir que un hombre, y sin compromiso alguno (que solo palabreos y mentiras), tome control del cuerpo de una jovencita para, de allí en adelante, el hombre crea o concluya que tiene autoridad sobre ese cuerpo; ya no con la “delicadeza” del principio pero, ahora, atrevidamente para consumar sexo cuantas veces él lo quiera. Es sabido que una prostituta debe ir al médico periódicamente porque, siendo que expone su sexo (vagina) a una práctica casi diaria, y repetitiva durante un solo día, como ni aún los animales lo practican (los animales solo lo hacen en temporada de celo), esto hace que su vagina sufra una fuerte inflamación y, en el peor de los casos, afectaciones de la pared vaginal que permitan luego contraer enfermedades venéreas (sífilis, gonorrea, papiloma humano [muy difundido en nuestro medio, y causa de cáncer vaginal], herpes, VIH y sida). A esto se refiere el apóstol cuando él dice que uno peca contra su propio cuerpo, que uno falla contra su propio organismo, justamente porque, siendo el sexo una de las pasiones más fuertes para controlar, en una conducta fornicaria (prostitución) esto hará que -mayormente la mujer- tienda a contraer una enfermedad venérea. En el caso de los hombres fornicarios o prostitutos, quienes aún viven dominados por pasiones contra natura, ya de muchos se sabe que han afectado el conducto del recto, tanto así que éste ha perdido su capacidad de válvula para responder a la necesidad de contraerse o cerrarse al paso de las heces. El VIH y sida tienen índices mayores entre hombres que practican sexo con otros hombres (homosexualismo). El apóstol Pablo dice lo siguiente:

26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,
27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
Romanos 1:26-27

La fornicación o prostitución es un espíritu que, como todo espíritu o demonio, se contrae o uno es objeto de opresión por razón de conducta o acceso a la pornografía, entre otras razones, y es el mismo espíritu de la fornicación espiritual o contra Dios, tal como las citas de Apocalipsis 17:1, 5, 15 y 16; 19:2 nos lo dicen (en estas citas, se nos revela la fornicación o prostitución de una Iglesia contra Dios). En la fornicación sexual pecamos contra nuestros cuerpos, como lo afirma el apóstol en 1 Corintios 6:18; aunque también estamos pecando contra Dios; pero en la fornicación espiritual pecamos contra Dios; por ello es tan importante que superemos un estado de fornicación (o prostitución) porque, de no hacerlo, de no saber cómo vencer ese espíritu, estamos igualmente condenados a fornicar contra Dios, y contra Su Cuerpo, la Iglesia (). Dios aborrece la fornicación o la prostitución tanto como TODO PECADO, por pequeño que éste sea a nuestro parecer. Dios no es como nosotros que catalogamos los pecados como veniales y mortales pero, si no nos arrepentimos de nuestros pecados (y Dios nos ayuda para que procedamos al arrepentimiento, mediante la fe en Su Palabra), y nos volvemos a Dios, la única Fuente de Vida para hallar fuerzas contra el pecado y toda artimaña del diablo, igualmente pereceremos, igualmente seremos lanzados al lago de fuego que es la muerte segunda (Apocalipsis 2:11; 20:6, 14-15; 21:8); y Dios no quiere que esto suceda y, por ello mismo, nos reprende para nuestro bien y para que, haciendo Su voluntad, disfrutemos de Sus bienes por Cristo Jesús, nuestro Salvador.

Sí, cuando usted, jovencita, fornica, usted nunca hace -previamente- un compromiso con el joven que le presiona con sus halagos y demandas de “muestras de amor”, a cambio de vanidades, y tal como se procede con una prostituta; y, porque usted, por ignorancia o por lo que fuere (yo creo que más es porque no se conoce a Dios, y Él está declarado en Su Palabra, la Biblia), cede a la proposición de un joven, para entregarle su virginidad a cambio de nada; luego nada le garantiza que ese joven o adolescente o adulto, cumpla con usted si acaso termina embarazada. Por lo general, muchos jóvenes angustian a las jovencitas embarazadas al aborto. Tenemos altísimo índice de abortos en los hospitales del Estado, y sin contar los que se practican clandestinamente con el peligro de muerte para la joven.

¿Cuál es la recomendación de Dios para usted, jovencita; y definitivamente también para usted, joven? Que no entregue su sexo excepto si este joven o adulto le propone matrimonio. La proposición de matrimonio, y la consumación de esta propuesta en matrimonio ante la autoridad y, después, en el altar ante Dios, son la única garantía de la seriedad del interés de un hombre por una mujer. Ni aún permita que la bese, porque en nuestros labios hay fuerte concentración hormonal que se excita con el beso para, excitados, ser puerta abierta para proposiciones mayores hasta el sexo.

Creo que -también- es un tema de dignidad que, con una actitud firme frente a toda proposición sensual, digamos que nos merecemos algo mejor, propio de un proyecto de vida serio para conformar un hogar y que, con criterios escrupulosamente juiciosos, sabios e inteligentes, traigamos hijos al mundo para instruirlos y ser partes de una generación sabia y entendida de cómo debemos conducirnos en un mundo ya contaminado por perversión sexual.

La fornicación es causa de tantísimos casos de madres solteras, y de la crianza aventurada de niños en hogares disfuncionales, lo que motiva -entre otros- una sociedad tan violenta e insegura como la tenemos, aunque muchos no lo quieran admitir. Adicional a esto, es el mal ejemplo que nuestros jóvenes reciben a través de la televisión, donde mujeres se visten (o desvisten) con atuendos cada vez más escasos y ajustados al cuerpo, tanto que las jóvenes dejan al descubierto -prácticamente- su desnudez, tan igual como lo hacen las prostitutas para capturar la atención e interés de un “cliente”, ¿verdad? Y ustedes, jovencitas, adolescentes, merecen un trato respetuoso, formal, serio, confiable, esperanzador; no perturbadas por la sensualidad. Y ustedes, jovencitos, hagan el esfuerzo por tratar con dignidad a sus amigas, como si se tratara de vuestras propias hermanas o un familiar cercano. Muchas de las veces somos casi indiferentes ante este drama, porque lo es, por casos de fornicación; pero no es sino cuando esto nos ocurre muy de cerca que experimentamos dolor, angustia y amargura porque, por ejemplo, vemos a nuestros hijos, y mayormente hijas, mancilladas en su honor para un futuro incierto. Una joven que ha perdido su virginidad está potencialmente condicionada para ir perdiendo los pocos valores o principios que le quedan, si alguna vez los tuvo; porque ella misma, en esa condición, se sub-valora para jamás aspirar vivir con dignidad y, cuando muchas veces se pierden en el túnel de la pasión, la fornicación (prostitución) y sus consecuencias, terminan con un corazón amargado, proclives a la depresión y el suicidio; lo que queremos evitarles. Hoy, vivimos alarmados por tantísimos casos de feminicidio y, en la mayoría de estos casos, sino en todos, esto se da en parejas que viven fornicando o nunca han sido casados invocando a Dios para traer bendición a sus vidas. ¿Quién está detrás de una fornicación, como de cualquier otro pecado? La respuesta es: Satanás.


Si éste es tu caso, jovencita; en la condición mísera en que te encuentres, busca a Dios. No te recomiendo que busques un sicólogo porque, aun cuando confío que hay buenos profesionales, la mayoría no reconoce la fornicación (prostitución) como pecado; y el problema contigo, como con todo hombre o mujer, joven, maduro o viejo, es el pecado; y mientras tengamos vidas contaminadas con el pecado, la realidad de Dios y Sus favores serán inexistentes para nosotros. Sin embargo, aún hay solución a nuestros dramas, por profunda que sea la huella del pecado en nuestras vidas, y esta solución la hayamos en Dios.

Cierta vez, Jesús se encontró con una mujer de Samaria (Juan capítulo 4) y, de la conversación que sostuvieron, llegamos a saber que esta joven mujer había llegado a tener hasta cinco esposos, y que por último estaba con un hombre (el sexto) que ni era su esposo (era esposo de otra mujer); y que, por su mala fama, en un tiempo cuando casos de sexo eran fuertemente confrontados ante las sociedades de entonces, esta mujer se sentía obligada a ir a sacar su agua al medio día, cuando el sol estaba en su cenit (en el medio oriente, las mujeres acostumbraban a recoger agua de los pozos artesianos en muy tempranas horas de la mañana e, inclusive, antes que el sol saliera en el horizonte, para no ser afligidas por los rayos solares y altas temperaturas de la región), para no ser vista por las otras mujeres. El tema de conversación que sostuvo esta mujercita con el Señor es amplio, y abarca muchos aspectos que nos harían bien leerlos y entenderlos para aplicarlos a nuestras vidas o casos personales (les sugiero que lean este extraordinario capítulo 4 del Evangelio según San Juan), pero llama mi atención estas palabras pronunciadas por el Señor a esta joven mujer y que, registradas en la Biblia, también son palabras dirigidas para nosotros:

6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta [aproximadamente el medio día, traído a nuestro horario occidental].
7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Juan 4:6-15

Sí, cuando probamos de Su agua, del agua que Dios nos ofrece (y esta Agua es Su Palabra, con la promesa del Don o Regalo de Su Santo Espíritu viniendo a morar en nuestros corazones -justamente- por creer Su Palabra, Sus promesas, Su consejo o Su reprensión); entonces, no tendremos ¡JAMÁS! sed o deseo por el agua de este mundo y sus vanidades.

16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
1 juan 2:16-17

Finalmente, el apóstol nos amonesta con estas palabras:

22 Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.
2 Timoteo 2:22

La gracia de Jesucristo sea con todos ustedes. Amén.