domingo, 5 de noviembre de 2023

¿QUÉ ES EL EVANGELIO?

E

n la segunda mitad del siglo XIX, los Estados Unidos de Norteamérica se vieron envueltos en una lamentable y sangrienta guerra civil. Un grupo de estados del sur decidió independizarse de la Unión. Esta guerra estalló el 12 de abril de 1861 y concluyó cuatro años después con la rendición de los ejércitos del sur, el 9 de abril de 1865.


Aunque fueron varias las causas que finalmente provocaron la derrota de los estados sureños, una de las armas más poderosas que usaron los estados del norte fue diseminar entre ellos dinero falso. Crearon tal desconfianza en su propia moneda, que eso aceleró su derrota. ¡Imaginen lo que sucedería en un país si la mayoría de la población sospechara del dinero que usa diariamente! La economía se iría a pique.

Pues esa es la misma táctica que usa el enemigo de nuestras almas para desprestigiar el evangelio. Es tanto el evangelio falso que circula a través de redes sociales que mucha gente reacciona con escepticismo o confusión cuando escuchan ese mensaje. No son pocos los púlpitos que han sustituido el mensaje del evangelio por una religión de autoayuda que tiene más de terapia sicológica que de cristianismo. También están aquellos que ofrecen todo tipo de bendición material si uno recibe a Cristo en su corazón: un buen carro, un buen sueldo, una buena casa y, por supuesto, una buena salud para disfrutar de esos bienes.

Eso no es todo. También debemos añadir que muchos creyentes presuponen que el mensaje del evangelio es primordialmente para los incrédulos, una especie de trampolín desde el cual saltamos hacia la piscina de la vida cristiana y que podemos dejar atrás después de la conversión para luego sumergirnos en doctrinas más profundas.[1]

Lo cierto es que ningún creyente podrá crecer y madurar en su vida cristiana a menos que posea un entendimiento cada vez más claro del evangelio y se apropie de ese evangelio cada día por medio de la fe. Por eso es importante la pregunta que encabeza este capítulo: ¿Qué es el evangelio? La respuesta a esta pregunta será desarrollada en todos los capítulos que componen la primera parte de este libro, por ahora solo queremos introducir algunos de sus elementos esenciales.

 

El evangelio es el anuncio de un hecho histórico

 

La palabra evangelio era muy común en el mundo greco-romano y generalmente no estaba asociada con un mensaje de tipo religioso, sino más bien militar o político. Por ejemplo, cuando Grecia derrotó al imperio persa en la batalla de Maratón en el 490 a. C., el general Milcíades decidió enviar al soldado más veloz de su regimiento, el corredor Filípides, para comunicar esa buena noticia, ese evangelio a los atenienses. Se cuenta que Filípides recorrió los cuarenta y dos kilómetros que separaban los campos de Maratón de la ciudad de Atenas, corriendo tan velozmente que al llegar sólo pudo decir «Hemos vencido” para, luego, caer muerto. En honor de esa proeza es que se realizan muchas maratones alrededor del mundo, que no son otra cosa que correr la distancia que supuestamente recorrió Filípides aquel día. Esta buena noticia debe haber impactado profundamente a los atenienses. La amenaza había sido eliminada y ahora podían vivir en paz, no por la actuación de los receptores de la noticia, porque no habían hecho nada, sino por causa de los soldados que habían peleado en Maratón a favor de ellos. Entonces, la palabra evangelio hace referencia al anuncio de un hecho histórico que cambiaría nuestras vidas de una forma significativa.

Lo mismo se aplica al evangelio de Jesucristo. Se trata del anuncio de un hecho histórico que sucedió alrededor de 2000 años, a través de la vida, muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesucristo. Sus resultados impactan nuestras vidas como ninguna otra buena noticia podrá hacerlo jamás. Ya podemos empezar a descubrir la enorme diferencia que existe entre el cristianismo y cualquier otra religión o filosofía de factura humana. Las demás religiones intentan proveer buenos consejos que ayuden a conectarse con Dios de alguna manera o vivir una vida buena: «Esta es la forma cómo debes vivir si quieres que te vaya bien”. Sin embargo, el evangelio [o buena noticia] es el anuncio de lo que Dios ya hizo en Cristo a favor de hombres y mujeres que de ninguna manera hubiesen podido acercarse a Él por sus propios méritos.

No se trata de un consejo, sino de un anuncio. Ya Dios hizo algo extraordinario en un punto particular de la historia, y que debemos recibir por fe para alcanzar Su favor.

 

El mensaje del evangelio gira en torno a la obra de una Persona

 

Uno de los pasajes del Nuevo Testamento que mejor resume el contenido del evangelio fue escrito por Pablo en su carta a los corintios:

 

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doces. (I Corintios 15:1-5)

 

Las palabras de Pablo evidencian con absoluta claridad que el evangelio es el anuncio de un mensaje centrado en la persona de Cristo y Su obra redentora. Él murió por nuestros pecados, fue sepultado en una tumba y resucitó al tercer día. Si pudiera probarse que alguno de esos hechos históricos en realidad no ocurrió, el evangelio perdería por completo su razón de ser. En nuestra cultura pluralista muchos parecen pensar que lo importante de una religión es la forma en que te ayuda a ser una mejor persona, independientemente de la veracidad de los hechos que sustentan su mensaje. Si el cristianismo ha hecho de ti un mejor ser humano, menos egoísta y más entregado a los demás, entonces no importa si Cristo fue un personaje real o una leyenda. Lo importante es el efecto positivo que esa creencia ha producido en ti.

Me pregunto qué hubiera sucedido si, al llegar a la ciudad de Atenas, Filípides hubiera anunciado algo como esto: “He venido a traerles un mensaje de paz y seguridad. No importa si nuestro ejército venció o fue derrotado en la batalla de Maratón; lo importante es que cada uno de ustedes disponga su ser interior para pensar positivo y ser una mejor personas”. Es absurdo, ¿no es así? El destino de los atenienses estaba íntimamente relacionado con el resultado de esa batalla. Si Persia hubiera sido el vencedor, la historia de Atenas habría cambiado por completo.

Pues lo mismo podemos decir del evangelio. La buena noticia que el evangelio proclama depende enteramente de los hechos históricos relacionados con la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo. Por eso la declaración de Pablo a los corintios está estructurada en torno a dos hechos clave, seguidos de una confirmación histórica[2]:

 

Hecho No. 1: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras,

-Confirmación histórica y que fue sepultado.

 

Hecho No. 2: y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras

-Confirmación histórica y que apareció a Cefas, y después a los doce.

 

Si Cristo fuera una leyenda o cualquiera de los eventos asociados con Él en el evangelio fuera un hecho ficticio, entonces el cristianismo no tendría ningún valor. El argumento de Pablo a continuación es contra aquellos que negaban la doctrina de la resurrección en la iglesia de Corinto.

 

Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. (I Corintios 15:13-17)

 

El mensaje del evangelio depende de la veracidad histórica de los hechos relacionados con la persona y la obra redentora Cristo.

 

Los hechos redentores del evangelio fueron prometidos en el Antiguo Testamento

 

Pablo insiste en el hecho de que Cristo murió, fue sepultado y resucitó conforme a las Escrituras. La profunda conexión con las promesas de Dios se presenta de manera precisa en su introducción a la carta a los Romanos[3]:

 

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que Él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre. (Rom. 1:1-5, cursiva añadida)

 

Pablo enfatiza que Jesús es el Hijo de la promesa dada por Dios a Abraham, y el Rey prometido del linaje de David. Esa es la razón por la que el evangelio de Mateo comienza con la genealogía de nuestro Señor Jesucristo. Este es un tema que aparece reiteradamente en el Nuevo Testamento[4]. Tal vez uno de los pasajes más memorables es el encuentro de Jesús con dos discípulos Suyos que iban camino a Emaús, luego de Su resurrección. Ellos iban comentando los hechos recientes ocurridos en Jerusalén, el arresto y la ejecución de Jesús. Al parecer, ellos daban por sentado que habían cometido un error al pensar que Él era el que había de redimir a Israel (Luc. 24:21). Jesús los escuchó con atención y luego les respondió:

 

“...Oh insensatos, y tardos de concón para creer todo la que los profesas han dicho ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”. (Luc. 24:25-27, cursiva añadida)

 

De manera que es imposible poseer un entendimiento adecuado del contenido y alcance del evangelio, a menos que lo analicemos en el contexto más amplio de la historia de la redención.

 

Los hechos históricos que el evangelio anuncia acerca de Cristo giran en torno al problema del pecado

 

Pablo afirma que Cristo murió por nuestros pecados (1 Corintios 15:3). Él vino a solucionar el más serio de nuestros problemas por medio de Su muerte en la cruz. Esta no es una verdad muy popular hoy día, porque el hombre contemporáneo se estima demasiado a sí mismo, a la vez que desprecia profundamente la idea de un Dios que tiene derecho a establecer las reglas de juego.

Decía Horacio Bonar, pastor presbiteriano escocés del siglo XIX, que la incredulidad del hombre siempre envuelve dos cosas: «Una buena opinión de sí mismo, y una mala opinión de Dios[5]. El hombre es incrédulo porque se estima demasiado; sabe que no es perfecto y aún puede admitir que toma “decisiones desafortunadas” o “comete errores de juicio”. Sin embargo, es incapaz de verse como un pecador que merece el justo juicio de Dios por sus pecados.

Por lo tanto, si queremos ser eficaces en la proclamación del evangelio, nuestro punto de partida no puede ser el amor de Dios, sino Su justicia. Así introduce Pablo su presentación del evangelio en los primeros tres capítulos de su carta a los Romanos, para luego exponer en detalle el impacto de ese pecado en la raza humana (Romanos 3:10-18).

 

1. Somos injustos delante de Dios por haber violado Su ley moral en incontables ocasiones: No hay justo, ni aun unce (v. 10).

2. Nuestro entendimiento está dañado: «No hay quien entiendas (v. 11a). Eso no significa que el hombre incrédulo no pueda entender y recibir información sobre Dios, pero sin la regeneración detestamos lo que pudiéramos llegar a conocer de Dios y de Sus caminos o, en el mejor de los casos, reaccionamos con indiferencia.

3. Nuestro corazón es incapaz de inclinarse hacia Dios: No hay quien busque a Dios (v. 11b). Los seres humanos sí buscan ansiosamente algunas cosas que los cristianos relacionamos con Dios, como la paz interna, la felicidad o la esperanza. Eso podría llevamos a pensar, erróneamente, que están buscando a Dios. Pero si el hombre pudiera experimentar todas esas cosas sin tener que recurrir a Dios y someterse a Su señorío, estaría más que agradecido por ello.

4. No podemos hacer lo bueno: “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. (v. 12). Para que una acción sea buena delante de Dios tiene que surgir de nuestra fe en Él y tiene que ser motivada por una pasión por y para Su gloria[6].

5. El pecado ha dañado nuestro hablar: “Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura” (vv. 13-14). El Señor dice: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34); la boca es como una ventana a través de la cual podemos ver lo que hay en el corazón y, como señala William Farley:

 

“Un corazón desleal chismea. Un corazón orgulloso critica (a los demás y se justifica a sí mismo por su conducta). Un corazón lleno de ambición egoísta destila envidia. Un corazón que odia difama. Un corazón temeroso habla palabras de ansiedad y angustia. Un corazón que teme a los hombres evita la confrontación o adula. Un corazón inseguro es jactancioso. Un corazón ambicioso habla palabras de autopromoción. Un corazón ingrato se queja y murmura”,

 

6. Por lo tanto, el pecado ha dañado profundamente nuestras relaciones humanas: “Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz” (vv. 15-17). Puede ser que muchos no se sientan identificados con esta descripción del hombre en su impiedad, pero, según Jesús, la violación del mandamiento “No matarás”, no solo se circunscribe al acto homicida, sino que también abarca la ira pecaminosa que precede al asesinato, así como a las palabras hirientes que dan rienda suelta a la ira.

7. Sin embargo, el impacto más terrible del pecado en la raza humana es que ha distorsionado nuestra percepción de Dios y, por lo tanto, no nos permite reverenciarle como es debido: “No hay temor de Dios delante de sus ojos”. (v. 18).

Esa es la condición del ser humano en su pecado que hizo necesaria la venida de un Salvador. Jesús no vino al mundo para enseñar a los hombres buenos cómo ser más buenos o más espirituales. El vino a salvarnos del terrible impacto que el pecado ha producido en todas las áreas de nuestras vidas y, sobre todas las cosas, en nuestra relación con Dios. En el siguiente capítulo hablaremos más ampliamente sobre este tema.

 



[1] Esta ilustración es original de J.D. Green Gopel (Nashville, TN), pág. 21.

[2] Kevin DeYoung y Greg Gilbert, What is the mission of the church? Making Sense of Social Justice. Shalom and Great Comission.

[3] Juan 5:39-40, 46c; Hechos 3:24; Romanos 16:25-27; 1 Pedro 1:10-12.

[4] Citado por William Farley, Gospel Power Humility (Phillipsburg, NJ, 2011, pág. 104).

[5] Romanos 1:16-17, 18; 2.3-11; 3:9-10.

 

[6] William Farley, Gospel Power Humility, pág. 113.

Nota: Este es el capítulo 1 del libro “De Gloria en Gloria”, del Dr., Pastor Sugel Michelén, de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, República Dominicana. Para solicitar este libro, favor pídalo a través de Amazon, Lifeway, etc.

jueves, 26 de octubre de 2023

CRISTO FUERA DE LA IGLESIA

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Apocalipsis 3:20-22

 

158 Ahora, hay mucha confusión en cuanto a este versículo porque muchos Cristianos, obrando en evangelización personal, usan este versículo para dar a entender que Jesús está tocando la puerta del corazón de cada pecador buscando entrada. Por consiguiente dicen que, si el pecador abre la puerta [de su corazón], el Señor entrará. Pero este versículo no está dirigido a pecadores.

159 Este mensaje entero tiene un resumen, así como lo tiene el mensaje a cada edad. En el versículo 22, dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las IGLESIAS”. Entonces este es el Mensaje a la iglesia de la última edad. Esta es la condición de la iglesia de Laodicea al llegar el fin. No es un mensaje individual para una sola persona; es más bien el Espíritu diciéndonos dónde se encuentra Jesús. CRISTO HA DEJADO A LA IGLESIA. ¿No es este el resultado lógico si la Palabra es puesta a un lado para aceptar credos; si el Espíritu Santo es destronado para admitir papas, obispos, consejeros, etc., y el Salvador puesto a un lado para dar lugar a un programa de obras, o el unirse a una iglesia, o a alguna clase de conformidad o a un sistema eclesiástico? ¿Qué más se puede hacer en contra de Él? ¡Esto es la apostasía! Esta es la puerta abierta para el anticristo, porque si Uno (Jesús) vino en el Nombre de Su Padre y no fue recibido, sino rechazado; entonces vendrá otro en su propio nombre (mentiroso, jactancioso) y a él recibirán (San Juan 5:43). El hombre de pecado, el hijo de perdición se apoderará.

160 En Mateo 24, menciona señales en los cielos tocante a estos últimos días antes de la venida de Jesús. ¿Vio Ud. tal señal recientemente, la cual vino a cumplimiento en representación de esta misma verdad que hemos estado estudiando? Esa verdad es que Jesús constantemente ha sido puesto a un lado hasta que en esta última edad ha sido puesto fuera de la iglesia.

161 Recuerde Ud. que en la primera edad vimos a una iglesia casi completamente llena de verdad. Sin embargo hubo una manchita de error conocida como los hechos de los nicolaítas, la cual impidió que el círculo de luz fuera completamente lleno. Luego en la próxima edad entró más oscuridad y el círculo de luz brilló menos. En la tercera edad fue cubierta aún más por la oscuridad, y en la cuarta edad, o sea la edad del Oscurantismo, la luz estaba casi aniquilada.

162 Ahora, piense en esto: La iglesia brilla en la luz reflejada de Cristo. Él es el SOL y la iglesia es la LUNA. Entonces este círculo de luz es la luna y había disminuido de una luna llena en la primera edad hasta apenas un rayito de luz en la cuarta edad. Pero empezó a crecer en la quinta edad. En la sexta edad tomó un gran paso de avance, y en la séptima edad todavía estaba creciendo cuando de repente la obra cesó y la luz disminuyó a casi nada. Y en vez de luz, estaba presente más bien la oscuridad de la apostasía, y al fin de la edad la luz ya no brillaba porque la oscuridad había tomado posesión completa. Cristo ahora estaba fuera de la iglesia. Aquí está la señal que apareció en los cielos.

163 La última etapa del eclipse de la luna fue un eclipse total. La luz disminuyó a una oscuridad completa en una serie de siete etapas. La oscuridad se completó en la séptima etapa, al mismo tiempo que el Papa de Roma (Paulo VI) fue a la Palestina en un plan de turismo de Jerusalén. Este fue el primer Papa que haya ido a Jerusalén. El se llama Pablo VI. San Pablo fue el primer mensajero y este hombre ahora lleva ese nombre. Note Ud. que es el número seis, o sea el número de hombre. Todo esto es más que una simple coincidencia. Cuando él fue a Jerusalén, la luna (la iglesia) entró en una oscuridad completa. Este es el fin. Esta generación no pasará sin que todo sea cumplido. “Amén, sea así. Ven, Señor Jesús”.

164 Ahora podemos ver porqué hubo dos viñas, una verdadera y una falsa. También podemos ver porqué Abraham tuvo dos hijos, uno según la carne (el cual persiguió a Isaac) y el otro según la promesa. También podemos ver cómo de los mismos padres nacieron dos hijos gemelos, el uno conociendo y amando las cosas de Dios, y el otro conociendo muchas de las mismas verdades pero no siendo del mismo Espíritu, y por consiguiente, persiguiendo al hijo elegido. Dios no reprobó simplemente por el hecho de reprobar. El reprobó por causa del elegido. Un ELEGIDO NO PUEDE perseguir a otro elegido. Un ELEGIDO NO PUEDE dañar a otro elegido. Son los réprobos quienes persiguen y destruyen a los elegidos. Y aquellos réprobos son muy religiosos, son muy inteligentes. Vienen de la línea de Caín, la simiente de la serpiente. Edifican sus torres de Babel y sus ciudades y sus imperios y a la vez orando y alabando a Dios. Odian la simiente verdadera y harán todo lo posible (aun en el Nombre del Señor) para destruir a los elegidos de Dios. Pero ellos tienen su lugar, son necesarios. “¿Qué tiene que ver la paja con el trigo?” (Jeremías 23:28). Si no hay paja, no hay trigo. Pero en el fin, ¿qué pasa con la paja? Es quemada con un fuego inextinguible. ¿Y el trigo? El trigo es juntado en el alfolí, donde está el Señor.

165 Oh, elegido de Dios, guárdese, estudie bien, tenga mucho cuidado. Ocúpese en su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12). Confíe en Dios y sea Ud. fortalecido en Su poder. El adversario, que es el diablo, anda ahora mismo como un león rugiente, buscando a quién devorar. Persevere en oración y sea firme. Este es el tiempo del fin. La viña falsa y la verdadera están llegando a madurez, pero antes de que madure el trigo la cizaña madura tiene que ser juntada para el fuego inextinguible. Fíjese: todos están uniéndose al Concilio Mundial de Iglesias. Allí es donde se juntan. Dentro de poco se llevará a cabo el almacenamiento del trigo. Pero por ahora los dos espíritus están obrando en las dos viñas. ¡Salga Ud. de entre la cizaña! Empiece a vencer para que así sea considerado digno de la alabanza de su Señor y listo para reinar y gobernar con Él.


Cristo fuera de la iglesia

La Edad De Laodicea

Rev. William Marrion Branham

domingo, 23 de julio de 2023

NO NOS PONGAS EN MANOS DE UNA PRUEBA

M

ientras estudiábamos el significado original detrás de las palabras “no nos dejes caer en tentación” – en hebreo, “no nos pongas en manos de una prueba” – pensé en la propia “tentación” de Yeshua en el desierto a manos de Satanás. Cuando le mencioné esto a Nehemia, sugirió que pasáramos algún tiempo en el mismo desierto donde Yeshua fue tentado, el desierto de Judea.

En los días previos a nuestra "tentación en el desierto", Nehemia me advirtió repetidamente sobre el calor extremo que enfrentaríamos e insistió en que estuviera preparado para llevar al menos un galón de agua. Cada vez que mencionaba el tema del agua o el calor inminente, me reía y le decía que no se preocupara tanto. La mañana de nuestra excursión por el desierto, Nehemia metió tres botellas grandes de agua mineral en su mochila y me instó a hacer lo mismo. Le mostré una sonrisa desdeñosa y le dije que estaría bien con mi única botella de agua. Fue solo cuando llegué al desierto que entendí de qué se trataba todo este alboroto. El desierto de Judea es un horno abrasador creado por la geografía de Israel. La longitud del país está cortada por la mitad por una cadena montañosa que corre de norte a sur, y todo el oeste de las montañas está generosamente regado por las nubes que se forman sobre el mar Mediterráneo. Cuando las nubes alcanzan el lado este de la cordillera, han perdido la mayor parte de su humedad. El resultado es un vasto desierto árido donde las temperaturas pueden superar los 110 grados Fahrenheit [43.333 °C] a la sombra.[1]

Después de menos de un día en ese desierto, comencé a tener una idea de lo que Yeshua debió haber pasado durante su tentación. Caminando en el calor de julio, podía sentir el sol quemando mi piel, y me dio una nueva percepción de las palabras del salmista: “Yehovah es tu sombra a tu diestra”[2]. Cuando el sol se hizo insoportable, buscamos refugio en una pequeña cueva. En ese momento había agotado mi escasa provisión de agua y estaba desesperado por algo de beber. Si no fuera porque Nehemia compartió generosamente su agua conmigo, sin duda me habría deshidratado. Mientras descansaba en esa cueva, bebiendo agua de una de las botellas de plástico de Nehemías, no podía imaginar sobrevivir un solo día en este ambiente sin comer ni beber, y mucho menos 40 días y 40 noches. Sin embargo, fue solo después de que Yeshua fue desgastado por los desafíos físicos de la sed, el hambre y el calor que su tentador se acercó a él. Tal fue el crisol en el que se forjaron las palabras “no nos traigas en manos de prueba”.

 

TENTACIÓN VS. PRUEBA

Mientras que la mayoría de las versiones en inglés de la oración de Avinu [el Padre nuestro] hablan de "tentación", la versión hebrea habla de una "prueba". La referencia en inglés a la "tentación" se basa en una interpretación particular del texto griego de la oración. Sin embargo, el griego usa una palabra ambigua que puede traducirse como "tentación" o "prueba", según el contexto[3]. En el Nuevo Testamento la palabra en cuestión suele significar “prueba”, como en el versículo:

Llegaron los fariseos y los saduceos, y para tentar a Jesús le pidieron que les mostrara una señal del cielo.[4]

Obviamente los fariseos y saduceos no estaban tratando de tentar a Yeshua, estaban tratando de probarlo. La versión hebrea de la “tentación”, y por lo tanto la griega, debería traducirse: “no nos dejes caer en una prueba”. Esto es exactamente lo que se encuentra en la Peshitta, una antigua versión aramea del Nuevo Testamento utilizada por la Iglesia de Oriente.

Algunos eruditos han llegado a la conclusión basados completamente en el texto griego, sin ninguna referencia al hebreo. Por ejemplo, el “Comentario Bíblico de la Palabra” explica que de lo contrario contradiría otro pasaje del Nuevo Testamento que dice que Dios no “tienta” a los seres humanos[5]. Algunas traducciones reconocen esto, y en lugar de “tentación” usan la palabra “prueba”[6]. Por ejemplo, la Biblia en inglés básico traduce: “Y no seamos puestos a prueba”. En lugar de que el hebreo ofrezca un significado alternativo al griego, en realidad nos dirige al verdadero significado de una palabra griega ambigua, que en este caso también está confirmada por evidencia independiente.

Si bien la tentación y la prueba se superponen en significado, no son semánticamente idénticas[7]. Una tentación puede ser una prueba, pero no toda prueba es una tentación. Imagina caminar por la calle y encontrar una billetera llena de efectivo. ¿Devuelves el dinero en efectivo al dueño legítimo de dar a la tentación y te quedas con el dinero? Esto es tanto una prueba como una tentación. En contraste, un ejemplo de una prueba que no tiene nada que ver con la tentación es el mandamiento bíblico de no probar a Dios. El Libro de Deuteronomio dice:

No tentéis a Yehovah vuestro Dios como lo probasteis en Masah.[8]

Cuando los israelitas llegaron al oasis del desierto de Masah, probaron a Dios, desafiándolo para ver si era capaz de proporcionarles agua fresca. “Probar” a Dios significa “desafiarlo” para ver si es capaz de hacer algo. Cuando Dios nos prueba, nos está desafiando a mostrar nuestro verdadero amor por él y permanecer fieles a él, incluso en tiempos difíciles y a pesar de las situaciones que nos tientan a pecar.

 

SER PROBADO O NO SER PROBADO

Una de las cosas interesantes acerca de las palabras “no nos pongas en manos de una prueba” es su fuerte conexión con la antigua fuente judía. De hecho, estas palabras exactas aparecen en el Talmud [Tradiciones judías], la enseñanza de los antiguos rabinos, que registra la siguiente oración:

No me dejes en manos del pecado, o en manos de la prueba, o en manos de la vergüenza.[9]

Esta oración rabínica es virtualmente idéntica a la que encontramos en la versión hebrea de la Oración de Avinu [Padre nuestro]. La única diferencia es que la oración de Avinu habla de "nosotros", mientras que la oración talmúdica habla de "yo". Hasta el día de hoy, muchos judíos todavía recitan estas palabras cada mañana en sus devociones diarias[10]. Es una antigua bendición judía. Quizás los antiguos rabinos fueron influenciados por las enseñanzas de Yeshua, o quizás Yeshua incorporó una frase de una conocida oración judía. De cualquier manera, el concepto de pedirle a Dios que no nos pruebe claramente tiene un lugar en las antiguas fuentes judías.

Este concepto aparece por primera vez en el capítulo treinta del Libro de Proverbios, que registra la oración de un sabio israelita poco conocido, Agur bin Yakeh:

Dos cosas te pido, no me las niegues antes de morir. Aléjate de mí la mentira y la falsedad; no me hagáis rico ni pobre, sino dadme pan en ración. No sea que esté satisfecho y niegue diciendo: "¿Quién es Yehovah?" y no sea que me haga pobre y robe y jure [falsamente] en el nombre de mi Dios.[11]

Agur entendió que Dios a menudo prueba a las personas de una de dos maneras: haciéndolas ricas o haciéndolas pobres, y temía que no pudiera pasar ninguna de las dos pruebas. Si se hiciera demasiado rico, podría olvidar que todos los seres humanos dependen de Dios y terminaría negando a su Creador. Si llegaba a ser demasiado pobre, se vería obligado a robar para sobrevivir, y cuando lo atraparan, se sentiría obligado a negar su crimen jurando en falso en el nombre de Dios. Agur le estaba pidiendo a Dios que no lo probara con una gran riqueza o una gran pobreza, sino que le diera el pan que necesitaba para sobrevivir.

 

LAS PRUEBAS EN LA BIBLIA HEBREA

El propósito de una prueba divina a menudo es ver si una persona permanecerá fiel a Dios o no. El ejemplo más conocido de tal prueba aparece en el Libro de Job, que habla de un hombre justo bendecido por Dios con muchos hijos y una gran riqueza. Un día Satanás apareció en la corte celestial y desafió a Dios a probar a Job:

Y Satanás respondió a Yehovah diciendo: ¿Teme Job a Dios de balde? ¿No has edificado una puerta alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, y has bendecido la obra de sus manos para que florecieran sus rebaños en la tierra? Sin embargo, envía tu mano y toca todo lo que tiene y seguramente te maldecirá en tu misma cara.[12]

El argumento del adversario era que Job solo era justo porque sabía que sería recompensado por sus acciones. Pero la justicia por el bien de la recompensa y la prosperidad no es justicia genuina. Si Job permaneció fiel a Dios a pesar de su sufrimiento, probaría que era verdaderamente justo. Dios estuvo de acuerdo con el desafío de Satanás y le dio permiso para destruir toda la riqueza de Job y matar a sus 10 hijos que, como sucedió, eran pecadores por derecho propio[13]. A medida que el desafío se intensificaba, Dios le dio más permiso a Satanás para afligir a Job con una enfermedad dolorosa e incurable.

Mientras Job languidecía en su tienda, cada poro de su cuerpo rezumaba de dolor, pensó en sus amados hijos y en la riqueza que acumuló durante toda una vida de arduo trabajo y luego perdió, pero nunca titubeó en su fidelidad a Dios. En un momento de su sufrimiento, Job pronunció lo que pueden ser las palabras más profundas de toda la Biblia hebrea:

Yehovah da y Yehovah quita. ¡Bendito sea el nombre de Yehovah![14]

En lugar de maldecir a Dios por su indecible sufrimiento, Job bendijo el nombre de Dios incluso en su hora más oscura. Satanás había acusado a Job de solo servir a Dios por lo que hacía por él, pero Job probó que amaba a Dios por lo que [Él] era. La verdadera fidelidad significa permanecer leal a Dios ya sea que uno disfrute de la prosperidad o sufra pérdidas.

Cuando Job estaba en el apogeo de su sufrimiento, tres amigos se le acercaron y trataron de hacerlo entrar en razón. Los tres compañeros de Job insistieron en que solo sufría porque había pecado y que la solución era arrepentirse y confesar sus transgresiones. Asumieron incorrectamente que las personas justas nunca sufren y los pecadores nunca prosperan. Job respondió a sus compañeros que verdaderamente era un hombre justo sin pecado y que no merecía sufrir. Ni a Job ni a sus tres compañeros se les ocurrió que Dios lo estaba probando. Al final del libro, los tres compañeros de Job fueron reprendidos por condenarlo como pecador. Asumieron en su arrogancia que sabían la razón del sufrimiento de Job, cuando en realidad estaban completamente equivocados[15].

 

LA PRUEBA DE ABRAHAM

Otra persona probada en la Biblia hebrea fue Abraham. Durante muchos años, él y su esposa Sarah no tuvieron hijos. Cuando Sarah tenía 90 años, Dios finalmente los bendijo con un hijo. Antes del nacimiento de su hijo Isaac, Abraham solía orar mañana y noche para que un hijo fuera su heredero y, después de una vida de fidelidad, Dios respondió a su oración. Abraham adoraba a su hijo Isaac, preparándolo como su heredero. Pero entonces Abraham fue puesto a prueba:

Y aconteció después de estas cosas que Dios probó a Abraham. Y [Dios] lo llamó: “¡Abraham!”, y él respondió: “¡Aquí estoy!”. Y [Dios] dijo: Toma a tu único hijo a quien amas, Isaac, y vete a la tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes donde yo te mostraré.[16]

Abraham cargó su burro con leña y partió con su hijo Isaac al lugar que Dios le había dicho que fuera. El padre y el hijo caminaron durante tres días hasta que finalmente llegaron al sitio. Abraham luego reunió piedras para construir un altar y ató a su hijo al altar con cuerdas. Cuando Abraham levantó el cuchillo del sacrificio para sacrificar a su amado hijo, un ángel llamó desde el cielo diciéndole que no lo hiciera. Durante ese largo proceso, Abraham podría haber dado marcha atrás en cualquier momento. Pero al continuar fielmente en el camino que Dios le había trazado, Abraham pasó la prueba. La lección que aprendemos de Abraham es que una persona puede decir que ama a Dios con su corazón, pero esto no tiene sentido hasta que se prueba a través de sus acciones. La fe de Abraham no era solo una idea en su mente, sino algo a lo que se comprometió a través de sus obras.

 

LA PRUEBA DEL FALSO PROFETA

Una de las pruebas más difíciles que Dios nos presenta es la prueba del falso profeta. Se nos advierte sobre esta prueba en el capítulo 13 de Deuteronomio:

Cuando se levante en medio de ti un profeta o un soñador de sueños y te dé una señal o un milagro, y se cumpla la señal o el milagro que él te ha dicho, diciendo: “Vayamos en pos de dioses ajenos (que tú no has conocido) y adorémosles”. No debes escuchar a ese profeta ni a ese soñador de sueños, porque Yehovah tu Dios te está probando para saber si realmente amas a Yehovah tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.[17]

El falso profeta que describe la Torá [Ley o Instrucciones] es capaz de realizar señales y milagros genuinos mientras trata de alejarnos de la verdadera adoración de nuestro Padre celestial. Dios faculta a estos falsos profetas para que realicen estas señales y milagros a fin de probarnos. La prueba definitiva es ver si una persona permanece fiel a Dios incluso cuando se enfrenta a señales impresionantes y milagros extraordinarios diseñados para desviarla del camino verdadero.

 

LA PRUEBA DE YESHUA

Yeshua mismo enfrentó tal prueba a manos de Satanás[18]. Como se mencionó anteriormente, la mayoría de las traducciones describen esto como una "tentación", pero la misma palabra griega para "prueba" que se usa en la oración también aparece en este contexto. También está claro por la descripción del incidente en los primeros tres Evangelios que Yeshua fue probado, en lugar de tentado. Después de ayunar durante 40 días y 40 noches en el desierto, Satanás le presentó a Yeshua tres pruebas[19]. La primera prueba fue ver si Yeshua era capaz de convertir las piedras en pan. La segunda prueba era ver si podía arrojarse desde un edificio alto y permanecer ileso. En la tercera prueba, a Yeshua se le ofreció un vasto imperio terrenal a cambio de inclinarse ante Satanás y adorarlo. La tercera prueba involucró un elemento de tentación, pero las dos primeras fueron simplemente desafíos para probar las capacidades de Yeshua. A lo largo de estas pruebas, Yeshua reveló una resolución de hierro [férrea] para ser guiado por la Palabra de Dios. Al igual que el falso profeta en Deuteronomio 13, Satanás trató de deslumbrar a Yeshua con grandes poderes, habilidades milagrosas y promesas de prosperidad incalculable, pero una y otra vez Yeshua respondió con versículos de las Escrituras que invalidaban las palabras de su experimentado adversario.

Años más tarde, cuando Yeshua estaba en esa ladera galilea azotada por el viento enseñando a las multitudes judías cómo orar, la idea de una prueba divina no era solo un concepto teológico abstracto, sino una realidad terrenal que había experimentado de primera mano. Mientras estaba de pie en ese afloramiento de roca mirando hacia abajo a la multitud de personas que escuchaban cada una de sus palabras, Yeshua debió haber vuelto sus ojos hacia el cielo y orado en su corazón: ¡Oh Padre celestial, yo mismo he pasado por una prueba y sé lo difícil que es! ¡Ten compasión de tus hijos y no los pongas en manos de una prueba!

Si bien Yeshua pudo haber sabido que estaba siendo probado, Abraham y Job claramente no lo sabían. Cuando Dios nos prueba, no siempre nos damos cuenta de que estamos en medio de una prueba. Las cosas pueden parecernos tan sombrías como le parecieron a Job, o tan espantosas como le parecieron a Abraham. Pero ya sea que nos pruebe con riquezas o con pobreza, con prosperidad o con sufrimiento, debemos regocijarnos al saber que estamos siendo formados y moldeados por nuestro Padre celestial, quien es un juez justo con un plan maestro.

 



[1] El desierto de Judea es un tipo de región árida conocida como desierto de "sombra de lluvia".

[2] Salmo 121:5.

[3] La palabra Griega es peirasmon πειρασμών, un sustantivo derivado del verbo peirazó πειράζω, significando “probar”.

[4] Mateo 16:1 [NRSV].

[5] D. A. Hagner, Comentario Bíblico de la Palabra, Dallas 1993, volumen 33ª, página 151. El versículo en cuestión dice, “Que nadie diga cuando es tentado: 'Soy tentado por Dios'; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él mismo tienta a nadie.” (Santiago 1:13 NVI). Véase también Mateo 26:41.

[6] Vean también la traducción al inglés mundial, la New American Bible y las notas de la traducción al nuevo inglés.

[7] The Word Biblical Commentary señala: "Ser tentado es ser inducido al pecado; ser probado es ser llevado a circunstancias difíciles que ponen a prueba la fidelidad de uno" (volumen 33a, página 151).

[8] Deuteronomio 6:16. El incidente de Masah está descrito en Éxodo 17:1-7.

[9] Talmud [tradición o dichos de los rabinos], Berakhot 60b.

[10] Esta oración aparece al final de las bendiciones de la mañana (Siddur Rinat Yisrael: Asbkenazic Version, Jerusalem 1977, página 25). La misma oración también aparece en el libro de oraciones tradicional judío caraíta, volumen 4, página 70.

[11] Proverbio 30:7-9.

[12] Job 1:9-11.

[13] Job 1:5.

[14] Job 1:21.

[15] Job 32:2-3; 42:7-9.

[16] Génesis 22:1-2.

[17] Deuteronomio 13:1-3 [2-4] [adaptado de NRSV]

[18] La “tentación” de Yeshúa está descrita en Mateo 4:1-11; Marcos 1:12-13; Lucas 4:1-13. El tentador o probador está descrito como Satanás en Marcos y en el Mateo Hebreo pero simplemente como “el demonio” en Lucas y el Mateo Griego.

[19] Mateo 4:3, 6, 9.


Capítulo traducido al español del original en inglés, del libro Una Oración A Nuestro Padre, escrito por el Dr. Nehemia Gordon y Keith Johnson.

sábado, 22 de julio de 2023

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE QUE UNA IGLESIA TENGA UNA PLURALIDAD DE ANCIANOS?


P

rimero, tener una pluralidad de ancianos parece ser una enseñanza bíblica y un patrón bíblico. Cuando Pablo plantó iglesias durante su viaje misionero, comenzó a trabajar hacia atrás a la mitad, y Lucas nos dice en los Hechos de los Apóstoles que nombró ancianos en cada iglesia que plantó. Además, cuando Pablo escribió a los filipenses, le escribió a la iglesia de Filipos junto con sus supervisores o ancianos y sus diáconos. Entonces, primero, es un patrón bíblico.

Segundo, necesitamos ayuda pastoral. Necesitamos pastores. Pedro habla de esto bellamente en 1 Pedro. Comienza la carta diciendo: “Este es Pedro, el apóstol, os escribe”, y luego, en el capítulo 5, se dirige a los ancianos en particular y dice: “Me dirijo a vosotros como a un anciano colega, como alguien a quien Jesús ha dicho: ‘Apacienta el rebaño’, y os paso la batuta. Apacienta el rebaño que está en medio de ti, guárdalo y aliméntalo”. Para eso están nuestros mayores.

Los ancianos son pastores. Son hombres a los que deberíamos poder acudir. Son hombres que también están llamados a modelar la vida cristiana para nosotros y protegernos. Esas son sus funciones. Es por eso que cuando Pablo describe los requisitos para los ancianos en su primera carta a Timoteo y su carta a Tito, dice dos cosas: deben poder enseñarnos de las Escrituras, y deben ser la clase de hombres a quienes podamos mirar y decir: “Ese es el tipo de cristiano que quiero ser”. Necesitamos esas cosas. Necesitamos ejemplos, y necesitamos que nos cuiden.

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Esta transcripción es de un evento Ask Ligonier (Consulte a Ligonier) en vivo con Sinclair Ferguson y ha sido ligeramente editada para facilitar la lectura. Para hacerle una pregunta bíblica o teológica a Ligonier, envíe un correo electrónico a ask@ligonier.org o envíenos un mensaje en Facebook o Twitter.

LOS ANCIANOS PARA LA IGLESIA


D

urante la última década, he involucrado a una amplia gama de cristianos en el tema de los ancianos. Algunos, desesperados, quieren cambiar las estructuras disfuncionales de liderazgo de la iglesia. Otros se han cansado de eludir la enseñanza bíblica sobre los ancianos. Algunos anhelan adoptar el liderazgo de los ancianos, pero se dan cuenta de que muchos de sus feligreses se resistirían al cambio. Un líder de misión me dijo que la pluralidad de ancianos era un problema importante en su región; los nacionales, que no estaban familiarizados con las tradiciones y los argumentos en contra de la pluralidad de ancianos, lo vieron en las Escrituras y quisieron obedecer.

Cristo dio liderazgo de ancianos a la iglesia para su crecimiento, desarrollo y unidad. Sin embargo, la tradición a menudo tira más fuerte que el orden bíblico para aquellos que rechazan el liderazgo de los ancianos. Otros tienen ancianos pero descuidan aplicarles las normas bíblicas. La carta de Pablo a Tito ofrece una gran ayuda para ambos casos (Tito 1:5-9).

Primero, el liderazgo plural es la norma para cada iglesia: “nombrad ancianos en cada ciudad como os he indicado”. “Ancianos” es plural y “en cada pueblo” es singular. Indica múltiples ancianos sirviendo en cada iglesia en Creta (1:5). Cada referencia a los ancianos de la iglesia local demuestra la pluralidad como práctica del Nuevo Testamento (ver Hechos 14:23; 15:22; 20:17 que muestran este mismo patrón de pluralidad). La razón de Paul para la pluralidad incluso dentro de las congregaciones pequeñas tiene sentido. Brinda responsabilidad, apoyo y aliento, mayor sabiduría y diversidad de dones para aumentar la eficacia del ministerio.

Segundo, los ancianos son necesarios para el orden apropiado de la iglesia. Tito debía “poner en orden lo que quedaba” (Tito 1:5). Comenzaría nombrando “ancianos en cada ciudad”. Los ancianos participarían en el trabajo de reforma continua de la iglesia. ¿Qué necesitaba reformar? Los maestros astutos a quienes Pablo llamó “habladores vanos y engañadores”, socavaron a las familias “enseñando con ganancia vergonzosa lo que no deben enseñar” (vv. 10–11). Los ancianos deben corregir la falsa enseñanza, eliminar a los falsos maestros y reiterar la suficiencia del Evangelio. ¡Algunos cristianos cretenses estaban actuando como “cretenses”, no como cristianos! “Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, perezosos glotones” (v. 12); los ancianos deben enseñar la aplicación correcta de la ley y el evangelio en la vida diaria, ejemplificar la vida cristiana y liderar con disciplina cuando sea necesario. Aún otros se estaban alejando de la verdad al “dedicarse a los mitos judíos ya los mandamientos de la gente”, profanándose en mente y conciencia (vv. 14–15). Una vez más, los ancianos deben ser los medios para poner lo que queda en el orden de la sana enseñanza y la práctica piadosa.

Tercero, los ancianos dan ejemplo a la iglesia en el hogar, en la conducta personal y en las relaciones (vv. 6–8). Un anciano debe ser “marido de una sola mujer”, dedicado singularmente a su esposa, buscando amarla como Cristo ama a la iglesia (Efesios 5:25). Sus hijos deben ser “fieles” (NASB; pistos parece mejor traducido como “fiel” o “digno de confianza”, véase 1 Timoteo 1:12, 15; 3:1; 4:9; 2 Timoteo 2:11, 13; Tito 1:9; 3:8), “y no expuestos a acusaciones de libertinaje o insubordinación”.

En la conducta personal, un anciano debe ser “irreprochable” porque es “mayordomo de Dios” o administrador del rebaño de Dios. Él debe ser concienzudo en su conducta sin áreas colgantes que desacrediten a Cristo o al Evangelio. Además, “no debe ser arrogante ni irascible”, por lo que evita pisotear a otros con actitudes o arrebatos. No debe ser “borracho, ni violento, ni codicioso de ganancias”, por lo que ejerce moderación en los apetitos, dominio propio en las respuestas y autodisciplina en las finanzas (v. 7).

El anciano también da ejemplo en las relaciones al ser “hospitalario” al aceptar y hacerse amigo de los demás; “amante del bien” al afirmar lo mejor; y "controlado por sí mismo" manteniendo la cabeza cuando la vida se deshace. En su trato con los demás, debe ser “recto”, en su piedad personal, “santo”, y en sus impulsos naturales, “disciplinado” (v. 8). Él recuerda que él es un “superintendente”, no un dueño, un siervo, no un señor (v. 7). Así como Jesucristo no vino para ser servido sino para servir (Marcos 10:45), así también el mayordomo de Dios debe estar en la iglesia.

Finalmente, la función de pastoreo de los ancianos se distingue de la de los diáconos al requerir que los ancianos puedan enseñar (Tito 1:9; 1 Timoteo 3:1–13). Los ancianos deben ser constantes en conocer y aplicar la Palabra personalmente: “debe mantenerse firme en la palabra fiel tal como se enseña”. Viven y respiran el Evangelio, se deleitan en profundizar en las Escrituras y prueban su comprensión de la doctrina por medio de la Palabra. Los ancianos deben estar comprometidos con la enseñanza doctrinal: “para que pueda instruir en la sana doctrina”. La doctrina es importante para los ancianos. Reconocen la “sana doctrina” como el corazón de la comprensión bíblica, esencial para la vitalidad de la iglesia. Descuídalo, y la iglesia podría tener todavía una forma externa de cristianismo, pero morirá por dentro, engendrando toda clase de engaños y pecados. Los ancianos deben estar listos y dispuestos a reprender a los que se oponen a la sana doctrina: “también a reprender a los que la contradicen”. ¡Cualquiera que disfrute de la confrontación tiene que estar un poco loco! Sin embargo, cuando el evangelio está en juego, cuando la salud y la unidad de la iglesia penden de un hilo, y cuando alguien se tambalea al borde de la ruina espiritual o moral, los ancianos deben estar a la altura del desafío. Como un S.W.A.T. equipo, los ancianos deben permanecer doctrinalmente alerta, listos para enfrentarse a cualquiera que amenace con dividir o dañar el cuerpo de Cristo (Tito 1:9).

Como regalo de Cristo a la iglesia, los ancianos valoran el carácter al enfocarse en la madurez y unidad de la iglesia. Ya sea por negación o mal uso, descuidar el diseño de Cristo para el liderazgo de los ancianos priva a la iglesia de este bien invaluable para su salud espiritual.


Escrito por Phil Newton, ministro principal de la Iglesia Bautista South Woods en Memphis, Tennessee, y autor de Elders in Congregational Life (Los Ancianos en la Vida Congregacional), y colaborador de Ministerios Ligonier, de donde he copiado este tratado originalmente escrito en inglés.


LOS ANCIANOS

¿Cómo debe organizarse una iglesia local? ¿Todos en una iglesia determinada tienen el mismo papel, o hay personas en particular que tienen responsabilidades particulares? Hoy, Barry Cooper explora lo que dicen las Escrituras sobre el liderazgo en la iglesia local.

C

omo parte de mi papel continuo y autoproclamado de educar al público (especialmente al gran público estadounidense) sobre el fútbol (lo siento, fútbol), es importante decir que para que un equipo de fútbol funcione bien, se supone que cada jugador debe desempeñar un papel particular.

El papel de un delantero es marcar goles, un central está ahí para defender y el trabajo de un extremo es correr por la banda y cruzar el balón a los otros jugadores. El equipo solo funciona bien cuando estos roles se toman en serio.

Por poner otro ejemplo, el portero es el único del equipo que debe usar las manos. Si no los usa, eso pone al equipo en una gran desventaja. Por otro lado—ja, mano; Hice una pequeña broma relacionada con la mano allí: por otro lado, si otros miembros del equipo comienzan a recoger la pelota, el juego terminaría rápidamente porque todos serían expulsados.

Sí, hay algunas cosas que todos son libres de hacer en cualquier momento: por ejemplo, fingir lesión y rodar frente al árbitro. Pero, en general, las responsabilidades particulares se asignan a jugadores particulares, y es importante para la salud del equipo que cada persona desempeñe bien su función asignada.

Bueno, ¿Qué dice la Biblia acerca de cómo debe organizarse una iglesia local? ¿Todos en una iglesia dada tienen el mismo rol, o algunas personas en particular tienen responsabilidades particulares que otros no tienen?

En el Nuevo Testamento, solo se mencionan dos roles u oficios específicos: anciano y diácono. Los ancianos también se conocen en las Escrituras como "pastores" o "supervisores", o como "obispos" si está usando un inglés antiguo.

El Nuevo Testamento parece usar las palabras anciano, pastor y supervisor indistintamente; pasajes como 1 Pedro capítulo 5 versículos 1–2 y Tito capítulo 1 versículos 5–7 tratan estos roles con nombres diferentes como uno y el mismo. Entonces, ¿por qué las Escrituras usan tres palabras diferentes cuando solo se refieren a un oficio en particular? Porque cada una de esas palabras (anciano, pastor, supervisor) enfatiza un aspecto diferente de la descripción del trabajo de esta persona.

La palabra anciano proviene de la sinagoga y del pueblo local e implica que esta persona tiene una sabiduría y una madurez particulares.

Un anciano es también un pastor. La palabra pastor tiene una raíz latina que significa “pastor”, por lo que también tiene el sentido de proteger, nutrir y dirigir al rebaño.

Un anciano es también un supervisor. Para que una iglesia prospere, debe haber alguien que la supervise. En otras palabras, alguien que ejerce autoridad. De manera similar, los equipos de fútbol tienen gerentes, personas a las que se les confía la supervisión de la selección y la estrategia del equipo, quienes deciden (por ejemplo) cuándo sacar a un determinado jugador del campo o traer a otro. Una vez más, el ejercicio de este tipo de autoridad o supervisión es una parte esencial de cualquier equipo exitoso y de toda iglesia saludable.

Entonces, según el Nuevo Testamento, ¿cuáles son los requisitos para ser anciano?

Bueno, no se enumeran títulos académicos. Una educación de seminario no es esencial, y no hay un coeficiente intelectual mínimo. No se requiere que un anciano sea particularmente carismático, no se especifica ningún tipo de Myers-Briggs en particular, y no se menciona la necesidad de ser "un excelente lanzador de visiones". Lo que es esencial y no negociable es el contenido del carácter de un anciano.

Esto es 1 Timoteo capítulo 3, versículos 1 al 7. El Apóstol Pablo escribe:

El capataz debe ser irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, sobrio, honrado, hospitalario, capaz de enseñar, no borracho, no violento, sino amable, no pendenciero, no amante del dinero. Debe administrar bien su propia casa, con toda dignidad manteniendo a sus hijos sujetos, porque si alguien no sabe cómo administrar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? No debe ser un converso reciente, o puede envanecerse y caer en la condenación del diablo. Además, debe ser bien considerado por los extraños, para que no caiga en deshonra, en lazo del diablo.

Ahora tenga en cuenta que un anciano debe ser "capaz de enseñar", lo que significa que no solo debe tener conocimiento de la Palabra de Dios, sino también la capacidad de comunicar ese conocimiento claramente a los demás. Curiosamente, esa calificación y la calificación de que un anciano debe ser “no un converso reciente” son las únicas cosas exclusivas del oficio de anciano. Todas las demás cualidades de carácter requeridas de los ancianos se requieren en otras partes del Nuevo Testamento de todos los creyentes.

En ese sentido, un anciano es simplemente aquel que demuestra fielmente en su propia vida todas las cualidades que se esperan de todo creyente. Como el capitán de un equipo de fútbol, ejemplifica lo que se supone que debe ser todo el equipo y predica con el ejemplo.


Traducido del tratado “Elders”, por el pastor Barry Cooper, pastor docente asociado en Christ Community Church en Daytona Beach, Florida, y colaborador en Ministerio Ligonier de donde procede este tratado.

lunes, 17 de julio de 2023

¿RECIBISTEIS EL ESPÍRITU SANTO CUANDO CREÍSTEIS?



1 Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, 2 les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. 3 Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. 4 Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. 5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Hechos 19:1-6

E

l Espíritu Santo es la promesa de Dios para los que creen o aceptan a Jesús como el medio por el cual Dios perdonó nuestros pecados para, libres de culpa, darnos un nuevo nacimiento o comienzo pero -ahora- con Su presencia santificadora dentro de nosotros en la forma del Espíritu Santo.

El fundamento de esta consoladora verdad está en lo declarado en el evangelio según Juan 7:38-39:

El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él [en Jesús]; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Así, cada vez que un creyente vino a Yehováh Dios a través de Jesús (Yeshúa en hebreo), éste siempre fue instruido a ser bautizado en el nombre de Jesús, para el perdón de sus pecados y, así, justificado ante Dios; esto es, declarado “justo” por causa de la justicia de Jesucristo (Él nos representó), estar aptos para recibir el Espíritu Santo de la promesa.

El bautismo en el nombre de Jesús significa que nos identificamos con Su muerte, sepultura y resurrección, tal como el apóstol lo enseña en Romanos 6:3-4 (también en Colosenses 2.12):

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?

Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo; a fin de que, como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva [un nuevo nacimiento].

Por lo que, el bautismo en agua en el nombre de Jesús es -en la práctica- la confesión de nuestra fe o confianza en Él, que le estamos reconociendo como nuestro sacrificio-sustituto, que Él murió, fue sepultado y resucitó por nosotros, identificándonos con Él en Su obra redentora; y que, limpios de nuestros pecados y declarados justos, ahora Dios puede habitar en nosotros mediante Su Espíritu; siendo -en definitiva- el Espíritu Santo la señal de que hemos creído en Jesús y, por lo mismo, señal de nuestra justificación ante Yehová nuestro Padre.

Por ello, la pregunta sigue siendo la misma hoy, “¿Recibiste el Espíritu Santo cuando creíste?” Si la respuesta es “no”, o “no estoy seguro”, seguramente es porque no has creído en Jesús (y Él es el camino, la verdad y la vida para venir al Padre, el Espíritu Santo – Juan 14:6); y, si has creído, si tu confianza está puesta en Él para el perdón de tus pecados, quizá sea porque no has sido instruido para ser bautizado en el nombre de Jesús, tal como fue la práctica en el libro de Hechos 2:38-39; 8:16; 10:48; y 19:5; y, como en el caso de los efesios en Hechos 19:1-7, quienes volvieron a ser bautizados (antes habían sido bautizados en el bautismo de Juan “El bautista”); si tú fuiste bautizado en “el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo”, el bautismo trinitario (que nunca nadie en la Biblia, jamás fue bautizado de esa manera), te exhorto a arrepentirte de esa tradición sin respaldo Escritural, y pide a tu pastor o anciano en la iglesia local te vuelva a  bautizar pero, y ahora, en el nombre de Jesús, para el perdón de tus pecados, y puedas recibir la Vida de Dios, Su Espíritu, conforme a Hechos 2:38-39; que, en palabras del Señor Jesús, nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13), la gracia de Su bendito Evangelio para vivir vidas por encima del pecado y la debilidad de nuestra carne, hasta el día que Él retorne por Su Iglesia. Amén.


Nota: Este breve tratado bien puede ser impreso en tamaño A6 para la obra evangelista.