sábado, 4 de abril de 2020

La autoridad compartida de la iglesia


La autoridad compartida de la Iglesia

En efesios 1:3, el apóstol Pablo declara que hemos sido bendecidos con TODA bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, con bendiciones que comprometen la integridad, salud y prosperidad de nuestra alma o ser interior; y, en los versículos 19 y 20 de este mismo capítulo 1, que el Señor Jesús está sentado a la diestra de Dios –también- en lugares celestiales.

Silla o trono
El hecho de que el Señor Jesús está sentado, implica que lo está sobre un trono y, si esto es así, entonces Él, el Señor Jesús, está gobernando. Es más, la expresión “sobre” del v. 21 de este capítulo implica lo mismo, gobierno, que uno está sobre o por encima de otro, gobernándolo. Leámoslo:

Sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero.

Sí, el Señor Jesús está sobre o gobierna sobre todo principado, autoridad, poder y señorío, y gobierna todo nombre que podamos nombrar y, por eso mismo, es que en Su Nombre tenemos autoridad para echar fuera demonios, que es lo que se afirma en el versículo 22:

Y sometió todas las cosas bajo Sus pies [los pies del Señor Jesús, ¿verdad?], y lo dio por cabeza [¡esto es igualmente glorioso!] SOBRE TODAS LAS COSAS a la Iglesia.

¿Ve usted lo que yo veo? Que la Iglesia (me refiero a la genuina) es cabeza o gobernante sobre (otra vez implicando el acto de gobernar, de tener dominio o autoridad) TODAS LAS COSAS; y, cuando el apóstol dice “todo”, eso implica TODO, que nada queda excluido.

Finalmente, en el capítulo 2 y versículo 6, el apóstol dice:

6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

En el v. 6 se nos dice que Dios nos sentó en estos mismos lugares celestiales (debe ser el Tercer Cielo porque, la expresión “celestial”, se escribe en el griego epouránios  que, literalmente, se traduce como “sobre los cielos”); y, como lo venimos entendiendo, sentarse significa estar sobre un trono de gobierno; y que, si esto es así, entonces la posición de privilegio y honor de Su Iglesia, Su Amada y Esposa, la Señora Jesucristo, es la misma autoridad que aquí se declara para el Señor Jesús; la Iglesia comparte esta misma autoridad.

Por eso es que el apóstol, en otra de sus sublimes cartas, nos profetiza que habrá una manifestación (en el griego se lee apokalypsis que, traducido, es revelación) de los hijos de Dios en gloria (Romanos 8:19); ésto es, que vamos a manifestar la plenitud de Aquel que nos llamó en Cristo Jesús.

8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.
Mateo 8:8

27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?
Mateo 8:27

Ésta es la misma autoridad que nos ha sido confiada por causa del Nombre del Señor Jesús, por Sus méritos para, en Su Nombre, ordenar, expulsar, liberar… “haremos proezas” (Salmos 60:12; y 108:13).

17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
Marcos 16:17-18

¡Aleluya!

viernes, 3 de abril de 2020

Cree en Jesús, y vivirás


Cree en Jesús, y vivirás


4 Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino.
5 Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.
6 Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.
7 Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.
8 Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.
9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.
Números 21:4-9



14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:14-16

Miraba las noticias provenientes de Guayaquil – Ecuador; y de cómo, porque la mortalidad de este virus ha superado la capacidad de respuesta del país, cómo es que nuestros hermanos ecuatorianos dejan a sus muertos en las calles, conviven con ellos por prolongado tiempo porque no hay funeraria y tampoco disponibilidad de espacio en los cementerios; y, por último, hasta los están incinerando frente a sus casas, en avenidas y parques; y, como es natural sentirlo, sentí compasión por un país que, por ser nuestro vecino, su angustia y dolor parece afectarnos muy de cerca y fuerte. Sí, la crítica es que Ecuador no estuvo preparada para una contingencia como ésta; pero, por lo mismo, porque somos países de la región que no contamos con una logística para contingencias o crisis de esta envergadura como la que vamos viendo a lo largo de estos meses, justamente por eso es que era necesario tomar medidas rápidas, y ya, preventivas, como las que acertadamente viene tomando nuestro presidente y cuerpo ministerial, excelentemente asesorados; por lo que, en medio de lo difícil de esta crisis, Perú la viene afrontando con esperanza y expectativa de superar este trance con el menor costo social posible.

En el libro de Números, que está en el Antiguo Testamento, capítulo 21 y versículos 4 al 9, se nos narra de cómo Dios “envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.”; y que, tras el pueblo reconocer su pecado y pedir a Moisés que mediara por ellos, Dios les dio la solución a una mortandad que iba en aumento: “Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.”; y, en efecto, todo el que fue mordido por la serpiente, miró la serpiente de bronce suspendida sobre el asta, y vivió.

En el Evangelio según Juan, capítulo 3 y versículos 14 al 16, el mismo Señor Jesús se encarga de declararnos cómo esa sanidad ocurrida entre el pueblo de Israel, en días de Moisés, y tras haber reconocido su pecado contra Dios, cómo hoy uno puede hallar igual y superior sanidad creyendo en Jesucristo; y no tan solo para ser sanos de una eventual enfermedad o, como es el caso que nos preocupa, de una plaga o pandemia que viene matando a miles de hombres y mujeres en todo el mundo; pero, y porque la obra de nuestro Señor Jesús es superior a la que Dios hizo a lo largo del Antiguo Testamento a través de los sacrificios de animales, hoy Dios nos ofrece VIDA ETERNA a todos los creemos en Aquel a Quién Él envió –justamente- para proveernos salud integral: cuerpo, alma y espíritu, para proveernos Vida Eterna.

Pueda que salgamos airosos de la mordida de esta “serpiente”, el coronavirus o covid-19; pero, si usted lo medita, reconocerá que tanto usted como yo estamos infectados con el virus del pecado desde que nuestros primeros padres pecaron, desde que nacimos (es congénito); y que, y solo si somos inyectados con la vacuna de Dios llamada “Jesús” (y Jesús significa Yo Soy tu salvación), solamente así seremos salvos de la destrucción que pronto, muy pronto vendrá al mundo; y solo los que miraron a esta “serpiente” suspendida en el asta, que nos representó a todos nosotros en la persona de nuestro Señor Jesús, cuando Él fue clavado y colgado sobre un madero, creyendo que Él allí llevó TODOS nuestros pecados e iniquidades (injusticias); que, en sencillas palabras, Él murió por nosotros, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”; solo así seremos salvos del juicio que Dios ya ha decretado para este mundo pecador, para una vida eterna en Su Presencia, y en un mundo nuevo reconstituido para morada de todos los que creamos en Jesús, hoy.

¿Tiene usted el virus del pecado? Bastaría con hacernos la prueba de descarte, y resultaría que sí lo somos; somos pecadores porque pecamos, ¿o no?; y, porque pecamos, es la mejor señal para reconocer que somos pecadores; por consiguiente, busquemos el antídoto o vacuna contra esta enfermedad que nos condena para muerte eterna; y este antídoto o vacuna es la provisión de Dios en Cristo Jesús, nuestro Salvador.

Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
1 Pedro 2:24

 Ya se está trabajando para obtener y tener expedita la vacuna que nos libre de este coronavirus o covid-19; y, no bien empiece a distribuirse, seguramente que más de medio mundo irá a los centros asistenciales para ser vacunados. Pero, la vacuna contra la muerte eterna está disponible desde el año 33 d.C., mediante la Sangre preciosa de nuestro Señor Jesús; y, paradójicamente, son pocos los que vienen a Él para ser vacunados, arrepentidos para el perdón de nuestros pecados, y para ser sellados con el Espíritu Santo de la promesa hasta el día de nuestra total redención en gloria (Efesios 4:30).

Le animo a venir a Jesucristo; y, si cree en Él, pida ser bautizado en las aguas invocando Su Nombre, justamente para perdón de pecados, y para ser incorporados en el Cuerpo de Cristo, la Iglesia del Dios Viviente (Hechos 2:38-39). Le animo a leer su Biblia y, si no la tiene, a comprarse una (le recomiendo la Revisión Reina Valera 1960), empezando por leer el Nuevo Testamento.

¿Lo hará? ¡Amén!

sábado, 28 de marzo de 2020

El Agua Viva

El Agua Viva

37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
Juan 7:37-39

Era fiesta para el pueblo de Israel y, según lo leemos a principios de este capítulo 7 del Evangelio según el apóstol Juan, era la Fiesta de los Tabernáculos; que, como casi todas las fiestas de Israel, las celebraban a lo largo de siete días; y es en el último día que el Señor hace esta proclama en torno al prometido don o regalo del Espíritu Santo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”.

Esta misma agua viva la ofrece el Señor en Juan 4, durante su conversación con la mujer samaritana y, por consiguiente, la misma promesa del Espíritu Santo, el don o regalo de Dios por excelencia:

10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
Juan 4:10-15



Cierto, aquí se dice que “el agua que yo… daré será… una fuente de agua que salte para vida eterna” (v. 14); mientras que en Juan 7, el Señor se refiere a esta misma agua corriendo por el interior del creyente o el adorador; sin embargo, es la misma agua viva o vivificante, es el mismo prometido don: el Espíritu Santo trayendo la provisión de la Palabra, avivándola para saciar la sed espiritual de todo hijo e hija de Dios.

El israelita acostumbró tomar agua de pozo o manantial mientras que, el agua de río, lagunas o lagos, las destinó para otros menesteres. El agua de pozo es sumamente limpia y, además, por su curso a través de los estratos rocosos del interior de la tierra, lleva consigo sales y minerales salutíferos, vivificantes.

En Juan 4, el Señor se refiere al prometido don del Espíritu Santo como un pozo artesiano que emerge del interior de un río o fluido de agua subterránea; en efecto, cuando el israelita descubría que había agua por cierta región, él hacía un pozo con dirección a la corriente de aguas habidas en el corazón de la tierra y, una vez hecho contacto con esa corriente de aguas, esta agua saltaba hacia el exterior para acumularse en lo que constituiría un pozo artesiano para saciar la sed y restaurar las fuerzas. En Juan 7, el Señor no se refiere a estas aguas en forma de pozo artesiano pero, porque la procedencia del agua de un pozo artesiano es la misma, porque el agua de pozo procede del torrente de aguas subterráneas que, luego, saltan por la presión contenida, hacia arriba, hacia fuera a lo largo de la perforación de un pozo; la enseñanza que el Señor imparte tanto en Juan 4 como en Juan 7 es la misma; y ambas descripciones hablan –en el fondo- de lo mismo, de la misma agua que sacia la sed y, en sentido simbólico, las más hondas ansias del alma del hombre; y ésta fue el Agua Viva que el Señor le ofreció a la mujer samaritana y, en Juan 7, en el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos, igualmente a los judíos que celebraban esta festividad.
Recordemos que la Fiesta de los Tabernáculos fue instituida en Éxodo 23, para rememorar el peregrinaje de los israelitas por el desierto camino a la Tierra Prometida. Nosotros vemos a lo largo del Pentateuco cómo Israel, obstante que debió reconocer el poder del gran Yo Soy (así se traduce el nombre de Dios: HWHY) que los sacó con mano poderosa, librándolos de la servidumbre egipcia; que, contrariamente, se la pasaron renegando contra Dios y Su siervo, Moisés; reclamándole provisión para el día y, como era de esperarse bajo el natural e inclemente sol del desierto de arabia, agua para su sed. Es en remembranza de esa época por la que pasaron los antepasados de los judíos a quienes el Señor se estaba dirigiendo en Juan 7, que les ofrece ríos de agua viva, las mismas fuentes de agua que, en Juan 4, Él ofreció a la mujer samaritana en forma de un pozo artesiano. Leamos la traducción literal del griego al español del versículo 38:

El que cree en mí como dijo la Escritura, ríos del vientre de él fluirán de agua viva.

¿Verdad que ahora sí se nota relación entre ambos pasajes de Juan 4 y Juan 7? Es lo mismo, y el mismo prometido don de lo que el Señor está hablando y ofreciendo: el Espíritu Santo. “Si alguno tiene sed”. Esto nos recuerda la bienaventuranza del Señor en Mateo 5:6:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Sí, esta Agua es para los que evidencian su sed de justicia. Ellos quieren andar justa y piadosamente pero, porque fallan por razón de la ley del pecado en sus miembros (1 Corintios 7), ellos anhelan la provisión de Dios para ayudarles a ser perfectos como Dios es perfecto (Mateo 5:48). El judío común y corriente conocía de las bendiciones para el que obedecía la ley; pero, igualmente, de las maldiciones para el que las desobedecía (Deuteronomio 28); así, la ley fue un ayo, tutor o guardián para mostrarnos, por un lado, la justicia que Dios exige o demanda de nosotros; pero, por otro lado, para mostrar nuestra fragilidad para cumplir perfectamente tales exigencias o demandas de la justicia o perfección de Dios; y, por razón de nuestra debilidad, es que Dios ha provisto el Espíritu Santo, como un don o regalo para ayudarnos a vivir rectamente delante de Él.

En Juan 16:13, el Señor se refiere al Espíritu Santo como “el Espíritu de verdad”; en el griego se lee con mayor precisión: “el Espíritu de la Verdad” y, como lo podemos constatar, Él se refiere así en este Evangelio hasta en tres ocasiones: Juan 14:17; 15:26; y 16:13. ¿Por qué? Yo creo que esta precisión es para distinguir al Espíritu Santo del espíritu de error, de lo cual el apóstol Juan trata más ampliamente en su primera epístola.

Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.
1 Juan 4:6

Es evidente que la experiencia de la mujer samaritana era contraria a la voluntad de Dios; que, por razón de interpretar mal la licencia que Moisés había dejado para el pueblo de Israel, para concederse carta de divorcio; que esto, muy seguramente, fue la causa del porqué esta mujer se había casado y divorciado hasta cinco veces y que, por último, el último hombre con quién estaba (el sexto) ni era su marido (probablemente, estaría en adulterio). Es a esta mujer que, evidentemente reconocía su error, y que estaba cansada y sedienta por una guianza mejor que la conduzca en perfecta armonía con Dios y Su Palabra; a quién el Señor ofrece agua viva o salutífera, la Palabra de Dios traída por el Espíritu Santo, vivificada en su alma para ya no más pecar; sino, por el contrario, y como lo declara el profeta David, “Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” (Salmo 23:3).

¿Qué es esta Agua?

Es la misma agua que el Señor le propone a Nicodemo en Juan 3 para nacer de nuevo (en el griego se lee “de lo alto”), y que el apóstol Pablo desarrolla más ampliamente en Tito 3:4-7; y es la Palabra de Dios, tal como nos lo refiere en Efesios 5:25-27:

25 …así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Dios nos purificó en el lavamiento del AGUA por la PALABRA. El agua siempre tipifica la Palabra, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; y es Agua Viva en tanto es el Espíritu Santo despertando y vivificando Su propia Palabra para aplicarla a nuestras diversas necesidades. En consecuencia, siempre encontraremos al Espíritu Santo tomando Su Palabra, no nuestro equívoco entendimiento o personal meditación de la Palabra, PERO SU PALABRA; porque, de no ser así, nada saciará nuestra sed de la justicia de Dios. ¡Nada!

He escuchado muchas prédicas, de ministros connotados, y hasta de efusivos predicadores; y, con tristeza y horror, he visto y oído cómo el pueblo dice “amén” a la demanda de un “amén” por parte del predicador; cuando, en mi humilde opinión, tal declaración no se ajustaba a la sana doctrina, al Espíritu del Escrito Está; y, en el colmo del atrevimiento, al inicio de sus prédicas aducen que expondrán la Palabra de Dios; tal como, en tiempos antiguos, los profetas acostumbraron traer Palabra de Dios, pura e incontaminada; y que, por gracia de Dios, permanece como fundamento de luz para , como el apóstol lo declara en 2 Timoteo 3:16-17:

16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

No, lo que nosotros, sea un anciano, un pastor o maestro, sea un evangelista o quién se pare en un púlpito, traemos es una meditación de la Palabra; y solo, si el Espíritu Santo realmente mora en nuestros corazones, eso será garantía de que traeremos una meditación conforme al Espíritu del Escrito Está.

Ésta es el Agua Vida que el Señor ofreció a la mujer samaritana y, después, a los judíos que celebraban la Fiesta de los Tabernáculos; la Palabra de Dios traída por el Espíritu Santo, lo único que, a semejanza de las aguas salutíferas de las corrientes de aguas subterráneas, saciará nuestra sed de justicia y fortalecerá, porque esta es la única Agua o Palabra que Dios reconocerá y exaltará. ¿Cuál es el propósito de esta Agua? Darnos Vida Eterna (Juan 4:14). Éste es el propósito de la Palabra de Dios, traída mediante el Espíritu Santo y, por ello mismo, fue la proclama del Señor en Juan 7.

Ho hay por qué estar inciertos como Nicodemo, o frustrados como la mujer samaritana, o sedientos o ansiosos como los judíos en aquel último día de la fiesta; el Espíritu Santo ha llegado, y está a nuestra disposición y alcance, es para todo el que lo quiera; es para el que cree en Jesús, para todo el que Le obedece en fe (Romanos 1:5; 16:26); porque qué mejor muestra fe que la obediencia a la Palabra, y que el Espíritu Santo es para los que Le obedecen (Hechos 5:32); para los que, arrepentidos de su pecado, luego piden ser bautizados invocando el Nombre del Señor Jesús (Hechos 22:16); confesando, con este bautismo, que creemos en Su obra vicaria por nosotros en el madero, la sepultura y Su resurrección (Romanos 6:3-14).

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él…
(Juan 7:39)


¡Amén!




martes, 18 de febrero de 2020

El Verbo en el principio

El Verbo en el principio

"En el principio creó, Dios, los cielos y la tierra."
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
2 Este era en el principio con Dios.
3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
Juan 1:1-3, 14

L
a razón de este estudio es estar fundamentados en la Verdad y, como lo declara el apóstol en 1 Pedro 3:15, para estar “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia a todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.”

La expresión Verbo se traduce del griego Logos que, literalmente, se traduce como “algo dicho”, “dicho”, o sencillamente “Palabra”.

¿Por qué lo tradujeron y registraron como “Verbo”?

Según lo he leído, por el hecho de que los teólogos consideraron que Ésta era una Palabra tal de activa o poderosa como para traer a existencia una creación y que, por lo mismo, actualizaron Su significado para traducirla como “Verbo”, contrariando las reglas de la gramática y el lenguaje, en vez de traducirla y registrarla sencillamente como “Palabra”.

Es más, a lo largo de todo el Nuevo Testamento, la expresión Logos se traduce como Palabra, salvo siete veces en cinco versículos: Juan 1:1 (tres veces) y 14; 1 Juan 1:1; 5:7; y Apocalipsis 19:13; y que, en ninguna traducción al idioma inglés, se traduce Logos como Verbo (o su traducción al idioma inglés como Verb), sino sencillamente como Word que, traducido al español, es Palabra.

En este pasaje de Juan 1:1-3, el apóstol nos traslada al principio de la creación, a Génesis 1 cuando Dios, por Su Palabra, creó los cielos y la tierra.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Génesis 1:1

¿Cómo fue que Dios creó los cielos y la tierra?

Juan 1:3 nos lo responde: “Todas las cosas por él fueron hechas y, sin él, nada de lo que ha sido hecho fue hecho.”

Compárese también con el Salmo 36:6; Hebreos 11:3; y 2 Pedro 3:5.

¿Quién es este “él” al que Juan 1:3 hace referencia?

En el contexto o pasaje de Juan 1:1-3 se está refiriendo al Verbo o Palabra; por lo que, reemplazando “él” por “Palabra”, bien podríamos leer la cita de esta manera:

“Todas las cosas por la Palabra fueron hechas y, sin la Palabra, nada de lo que ha sido hecho fue hecho.”

En el griego, la expresión “él” de Juan 1:3, se escribe autos, que se traduce como pronombre personal “él” y “ella”; pero, también, como pronombre demostrativo “esto”, “ésta”, “eso” y “esa”; por lo que, siendo que allí el apóstol se refiere a la Palabra con la que Dios trajo a manifestación toda la creación, y no precisamente a otra persona de una supuesta trinidad, el versículo 3 bien podría traducirse así:

“Todas las por esto [la Palabra] fueron hechas y, sin esto [la Palabra], nada de lo que ha sido hecho fue hecho.”

En Juan 1:1, el apóstol presenta el Verbo o Palabra identificándolo con Dios aunque, aparentemente, y por la forma en que está traducida en nuestras Biblias, parece ser que se está refiriendo a una persona, lo que da argumento al trinitario para afirmar que, allí, hay dos personas: El Padre y el Hijo; según ellos, trabajando mancomunadamente, en acuerdo, para la creación. Pero ese no es el sentido que el apóstol, ni Dios, Autor de la Palabra, da a esta Escritura.

Es como cuando Salomón exalta la sabiduría y la inteligencia en el Proverbio 8. Lean, por favor, Proverbio 8:1-3, 22-31.

En el versículo 30 se la impresión que habrían dos personas en la creación; pero, el versículo 22, lo aclara: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de Sus obras.”; para entender que Dios, CON SABIDURÍA, creó la creación.

La sabiduría y la inteligencia son atributos de Dios; y, de igual manera, la Palabra es un atributo de Dios; por lo que, en Juan 1:1, el apóstol está resaltando la Palabra con que Dios creó los cielos y la tierra de Génesis 1:1; la Palabra o Verbo no es una persona aquí; sino, como bien lo dice el profeta, es los pensamientos de Dios expresados luego en forma de Palabra.

Sé que en 1 Juan 1:1; 5:7 y Apocalipsis 19:13, la expresión “Verbo” se refiere al Señor Jesús; pero este título o reconocimiento al Señor recién aparece a partir de Juan 1:14:

“Y aquel Verbo fue hecho carne…”

Aquí es cuando la Palabra es encarnada o toma forma de carne, un Cuerpo; y, en esta condición, es que el Verbo o Palabra adquiere la personalidad que luego vemos con relación al Señor en 1 Juan 1:1; 5:7 y Apocalipsis 19:13.

Es necesario reconocer el orden en que Juan 1:1 fue escrito originalmente porque, la alteración que este versículo ha sufrido, está dando lugar a la interpretación trinitaria de dos personas divinas allí; y, por otro lado, que los falsos testigos de Jehová usen -precisamente- la última parte del versículo (Juan 1:1c) para argumentar que, por último, el Verbo, Palabra o el Señor Jesús es un dios, con minúsculas.

En el griego, Juan 1:1 se dice así:

εν αρχη ην ο λογος
En el principio era el Verbo,
και ο λογος ην προς τον θεον
Y el Verbo estaba cerca de Dios,
και θεος ην ο  λογος
Y Dios era el Verbo.

El teólogo trinitario, mal personalizando la expresión Verbo o Palabra, entiende que esto es la segunda persona de una trinidad; pero, recordemos que, de lo que aquí el apóstol está tratando es acerca de la Palabra como atributo de Dios; en otras palabras, de lo que el apóstol está tratando aquí es acerca de la Voz creadora de Dios; exaltando la Palabra que, de no haber sido por este medio de Su Palabra, Su Voz, Dios no habría traído a existencia este universo.

Por lo que, cuando se traduce “Y el Verbo era con Dios” (Juan 1:1b); no se da a entender la presencia de dos personas allí: El Verbo o Señor Jesús y Dios; sino que, la Palabra, siendo una con Dios, “era con Dios” o, como está trascrito literalmente del griego, “estaba cerca de Dios”.

Eso es lo que el profeta enseñó, que “Dios es Su propia Palabra, así como usted es su propia palabra”, y eso no implica o da a entender que hayan más de una persona. Otra vez, la Palabra es un pensamiento expresado de Dios, es un atributo expresado en forma de Palabra. El profeta dice que, antes de la creación, Dios estaba solo, Él con Sus pensamientos, y Sus pensamientos eran Sus atributos; y que, en ese principio de Génesis 1:1 y Juan 1:1, es cuando Dios habló la Palabra y, esa Palabra, trajeron a existencia cielos y tierra.

La traducción literal del griego al español sirve para hallar explicación a esta porción de la Escritura:

“Y el Verbo estaba cerca de Dios”

Pues bien, en Romanos 10:8 leemos:

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:

El apóstol dice a los cristianos en Roma: “Cerca de ti está la palabra”; la pregunta sería, ¿dónde?; y la respuesta es: “en tu boca y en tu corazón…”; y, cuando en Juan 1:1b se dice (trasliterado desde el griego): “Y el Verbo estaba cerca de Dios”, al igual que con el caso de Romanos 10:8, no se está dando a entender allí la presencia de dos personas de una trinidad, sino, que el Verbo o Palabra -igualmente- estaba tan cerca de Dios que estaba en Su boca, en Su corazón. Repito, el problema está en que, comúnmente, se ha personalizado la expresión Verbo o Palabra en Juan 1:1 cuando, allí, el apóstol solamente está exponiendo cómo Dios creó los cielos y la tierra mediante la Palabra; y que Ésta, la Palabra, estaba tan cerca de Dios que, a semejanza del caso de Romanos 10:8, estaba en Su boca, en Su corazón; en Su corazón en forma de pensamientos y, en Su boca, en forma de Palabra o la expresión de tales pensamientos.

Finalmente, es necesario advertir que la última parte de Juan 1:1c: “Y el Verbo era Dios”, es una alteración del orden cómo está escrito en el original griego: “Y Dios era el Verbo”.

Esta alteración obedece a tratar de personalizar a la Palabra, como que aquí se está refiriendo al Señor Jesús; cuando, ya lo he aclarado, esta Palabra recién se hace carne a partir de Juan 1:14 y que, desde entonces, siendo que Dios es Su Palabra, es que luego vemos refiriéndose al Señor Jesús como el Verbo o Palabra, en tanto fue y es la Palabra o el Logos hecho carne.

Así, los falsos testigos de Jehová fallan interpretando la porción final de Juan 1:1c, ya alterada en la VRV-1960 para, con el objeto de minimizar la majestad del Señor Jesús, traducir en sus biblias “y el Verbo era un dios”, con minúsculas; lo que no habrían podido hacer, de ninguna forma, si se hubieran remitido a cómo está escrito en el original griego; porque, como deducimos de la segunda parte de Juan 1:1b, “y el Verbo era con Dios”, o “y el Verbo estaba cerca de Dios”, la tercera parte empieza hablándose acerca de ese Dios de la segunda parte, CON MAYÚSCULAS, para afirmar que este “Dios era la Palabra”.





jueves, 26 de diciembre de 2019

Jesús no es el arcángel Miguel

Jesús no es el arcángel Miguel

El Señor Jesús a los 33, por Hoffman
Los “Testigos de Jehová” (en comillas porque, definitivamente, no son testigos Suyo), enseñan que Jesús es el arcángel Miguel y, mal usando las Escrituras, llegan a esta equívoca deducción o conclusión. Tomando una de los artículos que ellos publican en su web, trataremos de mostrar el error que ellos cometen al pretender rebajar la majestad y plenitud del Señor Jesús.

En este estudio de los “testigos” de Jehová en su página web titulado “¿Es Jesús el arcángel Miguel”, citan Daniel 10:13 donde se lee que Miguel es “uno de los principales príncipes” y, en el v. 21, que éste es “vuestro príncipe”, príncipe para el pueblo de Israel; y, seguidamente, citando el capítulo 12, verso 1, para reconocer que este principal príncipe, “uno de los principales príncipes” (lo que nos da a entender que hay otros más; inclusive, más principales o prominentes príncipes), “está de parte [o a favor] de los hijos de tu pueblo”, Israel.

Arcángel Miguel
Seguidamente, en este estudio, ellos citan Apocalipsis (Revelación) 12:7, “donde se dice que “Miguel y sus ángeles combatieron” en la guerra que finalizó con la expulsión de Satanás y sus demonios del cielo.” Seguidamente, copio en comillas porciones de este estudio de ellos.

“Note que en cada uno de los casos anteriores se representa a Miguel como un ángel guerrero que lucha por el pueblo de Dios y lo protege, incluso frente a Satanás, el mayor enemigo de Jehová.”

“En el versículo 9 de Judas también se menciona a Miguel y dice que él es “el arcángel”. El prefijo arc- significa “principal” o “jefe”, y la palabra arcángel jamás se usa en plural en la Biblia. Solo hay otro pasaje en las Escrituras donde se utiliza este término, y es en 1 Tesalonicenses 4:16, donde Pablo se refiere a Jesús ya resucitado de la siguiente manera: “El Señor [Jesús] mismo descenderá del cielo con una llamada imperativa, con voz de arcángel y con trompeta de Dios”. De modo que aquí se identifica a Jesucristo como el arcángel, o jefe de los ángeles.

“En vista de lo anterior, ¿a qué conclusión llegamos? Que Jesús es Miguel el arcángel.”

Craso error, cuando ellos afirman que “la palabra arcángel jamás se usa en plural en la Biblia”, con la sola intención de concluir que, cuando el apóstol declara que el Señor Jesús descenderá con “voz de arcángel”, singular, entonces éste, Jesús, es el Miguel de Daniel 12:1; porque, aun cuando en el Antiguo Testamento no se presenta explícitamente a Miguel como un arcángel, que se traduce como “mensajero principal”, singular; en el v. 13 de Daniel 10 que ellos usan, justamente allí se dice, textualmente, “principales príncipes”, para entender que Miguel es uno de tantos y prominentes príncipes y, en relación con Judas 9, para concluir que él, Miguel, es uno de los principales o prominentes ángeles (mensajeros) en favor del pueblo de Daniel, esto es Israel. Por lo que, en definitiva, cuando ellos argumentan que “arcángel” está siempre en singular, por Daniel 10:13 entendemos, con total claridad, que allí se menciona a estos príncipes o jefes de ángeles (principados) en plural, no en singular; por lo que la deducción que ellos fuerzan, con el único objetivo de rebajar la plenitud de la majestad del Señor Jesús, es torpe, incorrecta.

Los falsos testigos de Jehová dan por sentado que no hay más de un arcángel porque, según ellos, siendo que textualmente así se lee en 1 Tesalonicenses 4:16, para concluir que el Señor Jesús es un arcángel o ángel o mensajero principal (lo cual lo es también); sin embargo, ellos no reconocen a Gabriel como otro ángel principal (que en el griego se traduce como “arc” o “archi”) y prominente y, tanto así, que no solo trajo claridad al profeta Daniel; sino que, cientos de años después, él fue comisionado para venir a la doncella María, para revelarle que ella concebiría y daría a luz a Jesús, el Salvador del mundo. Miren que calidad de mensaje le fue comisionado a Gabriel; lo que, definitivamente, lo coloca o reconoce como uno de esos tantos “principales o prominentes príncipes” de Daniel 10:13 o, si lo leyéramos del griego en que fue escrito originalmente Judas 9, arcángel o principal ángel o mensajero. No, la expresión arcángel cierto no está en plural pero, por la sola y suficiente referencia en Daniel 10:13, sabemos que hubieron más de un solo príncipe o jefe de otros ángeles. Gabriel estaba (y aún lo está) delante de Dios, lo que lo hace un ser espiritual de mucho privilegio o responsabilidad ante Dios (Lucas 1:19); y, porque él fue enviado para hablarle a María, y para traerle “buenas nuevas” o noticias, eso lo hace un mensajero o ángel y, por consiguiente, un arcángel o mensajero principal. Tanto Gabriel como Miguel son ángeles principales o arcángeles o mensajeros principales, con lo que se desbarata que el cargo u oficio de arcángel, por el hecho de estar en singular en 1 Tesalonicenses 4:16, se refiera a la misma persona espiritual del arcángel Miguel de Judas 9.

Por el contrario, en Efesios 1:20-21 leemos que el Señor Jesús está sentado a la diestra de Dios; esto es, que Él tiene TODA la autoridad de Dios, siendo Dios mismo; y que Él está “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.” Por consiguiente, el Señor Jesús está sobre Gabriel y, aún, sobre el mismo Miguel que los falsos testigos de Jehová pretenden reconocerle como el Señor Jesús. La palabra “sobre” tiene una connotación de gobierno, autoridad; que el Señor Jesús gobierna sobre todos estos principados o jefes de legiones de ángeles como lo son Gabriel y Miguel.

“En 1 Tesalonicenses 4:16 se dice que la voz del resucitado Señor Jesucristo es la de un arcángel, lo que da a entender que él mismo es, en realidad, el arcángel. Si la denominación “arcángel” no aplicara a Jesucristo, sino a otros ángeles, la referencia a una “voz de arcángel” no sería apropiada, pues designaría una voz de menor autoridad que la del Hijo de Dios.”

Cierto, el Señor Jesús vino como un ángel o mensajero; nadie puede negar que Él trajo el Mensaje que consumó todos los otros mensajes que le antecedieron, y que Él mismo fue y sigue siendo el Mensaje por excelencia y lo que da sustancia y sentido al Evangelio de Dios, del Reino de los Cielos; y que, por consiguiente, Él es arcángel o ángel principal por razón de que Él cumplió toda profecía, y por razón de cómo Él se identifica como un Mensajero para con Dios, el Padre. Por ejemplo, en los Evangelios leemos:

·        Yo he venido en nombre de mi Padre (Juan 5:43)
·        y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero (Juan 7:28)
·        porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió (Juan 8:42)
·        Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. (Juan 16:28)
·        y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz (Juan 18:38)

Todas estas declaraciones en el Evangelio según Juan colocan al Señor como un ángel o mensajero y, definitivamente, por la trascendencia de Su Mensaje, el príncipe o principal, el Señor de todo principado o jefatura en los cielos; es más, antes de ascender al Cielo, dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18); y “todo” es todo, sin que nada quede exceptuado; Él es el Todopoderoso de Israel, y que hoy igualmente ha extendido Su brazo de poder y misericordia a favor del pueblo gentil, nosotros.

Hoy llegaron unas damas “Testigos de Jehová” para abordar algunas doctrinas con mi esposa y, usando Isaías 9:6, resaltando que el Señor Jesús es el “Príncipe de Paz” de Quién se dice allí en profecía (y lo es); ellas concluyeron, atando con las otras Escrituras que utilizaron, que el Señor Jesús es Miguel, el “príncipe” de quién se dice en Daniel 10:13, 21; y 12:1; sin embargo, y como ustedes lo podrán leer, no reconocieron que, además que se dice que Él es el “Príncipe de Paz”, también se dice de Él, en ese mismísimo versículo, que Él, Jesús es “Dios Fuerte, Padre Eterno”; el Señor Jesucristo es el mismísimo Dios Todopoderoso, el Padre Eterno; ¿por qué no reconocen esa parte del mismo versículo?

El Hermano Branham enseñó que Jesús estuvo en la eternidad solo en forma de un pensamiento y que, después, en el cumplimiento de los tiempos (Gálatas 4:4), tales pensamientos se manifestaron en la forma del Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, Dios hecho carne.

67 Así estaba Él. En el principio Él estaba solo. Dios habitaba a solas con Sus pensamientos. Él jamás volverá a hacer eso, porque Sus pensamientos se están manifestando. Y por eso es que nosotros estamos aquí mismo, este día… es Dios teniendo compañerismo con Sus pensamientos, siendo manifestado. ¿Ven? Allí estamos. Así que, Ud., preocupándose, no puede añadir un codo a su estatura. Ud. no puede hacer esto, aquello o lo otro. Es Dios que muestra misericordia; es Dios. “Todo lo que el Padre Me da, vendrá a Mí; y ninguno puede venir a Mí, si el Padre que Me envió no le trajere”. Eso lo deja establecido.
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46 Ahora, en el principio Dios habitaba solo, con Sus atributos, como hablé de ello esta mañana. Esos son Sus pensamientos. No había nada, solamente Dios solo, pero El tenía pensamientos.
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Por eso aquellos que están en Cristo estaban en Cristo en el principio, quienes eran Sus pensamientos, y Sus pensamientos son Sus atributos.
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Y, cuando Él dijo a los judíos: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58), Él les estaba diciendo “Yo soy Jehová, el Yo Soy que habló con Abraham vuestro padre; y, por consiguiente, soy antes que Abraham”. Juan el Bautista dijo: “El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.” (Juan 1:15 y 27); ¿cómo Juan podía decir algo así cuando el Señor Jesús, según la carne, nació 6 meses después?; éste es el misterio del que el apóstol nos habla en Colosenses 2:2: “para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo”; no dos personas de una santísima trinidad, pero Dios mismo, el Jehová que, allá, habló con Abraham, haciéndose visible y que, en el Nuevo Testamento, por amor de Su pueblo, asumió un Cuerpo aún desde concebido en el vientre de María para traer redención, pagando por nuestros pecados en Su carne (lo que no podía hacerse en Su condición o estado de Espíritu).

¿Es usted un “Testigo de Jehová”? La única manera de serlo es recibiendo el Espíritu Santo: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” (Hechos 1:8), para ser testigo del Señor Jesucristo, el Rey de reyes, y Señor de señores; y, para recibir el Espíritu Santo, el apóstol Pedro declaró en Hechos 2:38 y 39:

38 …Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

¿Ha sido usted bautizado en este Nombre, el Nombre del Señor Jesús? ¿No? Entonces, ¿qué espera, qué le impide? Porque no hay otro Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos (Hechos 4:12); “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.” (Hechos 10:43-44).

Amén.