viernes, 26 de febrero de 2021

Yehováh rapa

 

YEHOVÁH RAPA


No tengo una clara interpretación del nombre de Dios, Yehováh; algunos eruditos concluyen que hay una suerte de tiempos presente, pasado y futuro contenidos en el nombre Yehováh; pero, como lo enseñó el hermano Branham, profeta, Su nombre sencillamente significaría Yo Soy, tal como así lo hizo saber a Moisés en Éxodo 3:14; y, en el versículo 15, Él dijo: “Este es mi nombre para siempre; con él [con este nombre: Yehováh] se me recordará por todos los siglos.”

 

El hermano Branham dijo, refiriéndose al significado de Su nombre: “Yo Soy”, que esto expresan Sus atributos; como lo leemos en el v. 14, “Yo Soy el que soy” o “lo que soy”, soy mis atributos. Por ejemplo, Él es santo, apartado del pecado; y, por lo mismo, es perfecto, justo.

 

Y, cuando leemos Éxodo 15:25-27, y específicamente en el v. 26, allí se dice de Su atributo de sanador; y, lo mismo, en el Salmo 103:3:

 

y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

 

Él es quien perdona todas tus iniquidades,

El que sana todas tus dolencias;

 

Sanador es uno de Sus fundamentales atributos. El hermano Branham dijo que la sanidad es señal de la vida eterna; porque, como ustedes comprenderán, se necesita el poder de la eternidad o vida eterna para vencer a la muerte, y que la enfermedad es el anticipo de la muerte, ¿verdad? Y, manifestando este atributo de sanador, lo vemos en muchas ocasiones; y, en particular, en Su trato con Su pueblo, Israel: desde el ministerio de Moisés en adelante.

 

Yehováh Dios nos ha provisto la sanidad para nuestros cuerpos a través de Su Hijo, Yeshúa (nombre hebreo para Jesús); cuando, durante los látigos que le propinaron en el pretorio de Poncio Pilato, el látigo romano –prácticamente- rompió o hizo surcos sobre el Cuerpo de nuestro bendito Salvador, Yeshúa. El profeta Isaías dijo:

 

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

(Isaías 53:5)

 

Lo mismo dice el apóstol Pedro, en 1 Pedro 2:24:

 

quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

 

Consideren que la expresión “heridas” en este versículo del apóstol se traduce del griego, lengua en que fue escrita esta carta, “mólops” que, traducido, significa “lunar” o “moretones”. En el Nuevo Testamento Interlineal Griego Español de Francisco La Cueva se traduce como “azotainas”.

 

Si Él murió por nosotros, nos representó, para que nosotros fuéramos justificados de nuestros pecados, de todas nuestras fallas, para ser declarados justos, santos y herederos de Vida Eterna por Su causa; de igual manera, cuando Él recibió las azotainas romanas sobre Su bendito Cuerpo, por nosotros, siempre en nuestro reemplazo, esto produjo sanidad para nuestros cuerpos enfermos, por lo que el profeta Isaías y apóstol Pablo declaran la bendita verdad de la sanidad que hoy pertenece a todos los que confiamos en el nombre de Yeshúa o Jesús, el pan de los hijos e hijas de Dios (Marcos 7:24-30. Sé que aquí se habla de liberación de espíritus o demonios, pero el hermano Branham dijo que toda enfermedad es un demonio); y, cuando estamos enfermos, tiempo presente, sencillamente, y con fe sencilla podemos aceptar esa excelsa verdad y, ahora, admitir que estamos sanos; tan igual como, cuando por Su muerte, confesamos en fe sencilla y viva que estamos vivos para Dios (Lean, por favor, Romanos 8). Definitivamente, las azotainas sobre Su Cuerpo son el cumplimiento de Isaías 53:4:

 

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

 

¡Shalom!

 

jueves, 28 de enero de 2021

y todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo

Y todo aquel que invoque el nombre del Señor, será salvo


 Esta declaración fue dada, por primera vez, por boca del profeta Joel, en Joel 2:32:

 

32 Y todo aquel que invocare el nombre de Yehováh será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Yehováh, y entre el remanente al cual él habrá llamado.

Joel 2:28-32

 

El profeta declara aquí una profecía para los últimos tiempos, sobre el derramamiento del Espíritu Santo y que, luego de ello, seguirían acontecimientos de grande envergadura en el cielo y la tierra, “sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Yehováh.”

 

Sin embargo, y toda esta impresionante y realmente espantosa declaración, el profeta continúa y declara el evangelio o buena nueva: “Y todo aquel que invocare el nombre de Yehováh será salvo…”

 

El día grande y espantoso de Yehováh está por venir, y es el día en que Dios desatará o derramará Sus juicios sobre este mundo pecador e impenitente; por lo que, si los acontecimientos que ya están sucediendo hoy, con el covid-19, nos están causando angustia, dolor y hasta desesperación entre las gentes, ¿qué no causarán los juicios de Dios sobre este mundo después de esta breve tribulación?

 

Cuando el Espíritu Santo vino sobre la Iglesia, por primera vez, en Hechos 2 se registra cómo el apóstol Pedro, dando su primer sermón o proclama, él repite –justamente- esta cita de Joel:

 

Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre y fuego y vapor de humo;

20 El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

 

Como podemos ver, aquí se dice “Señor”, y no “Yehováh”; porque, desde los primeros siglos de la cristiandad, los estudiosos aseguran que el nombre de Dios y de Su Hijo o nuestro Salvador fueron ocultados por orden del imperio romano y, después, por orden de obispos quienes, tiempo después, darían lugar a la formación de la hoy Iglesia Católica. El apóstol Pablo enseñó que todo lo que hagamos, sea de palabra o de hecho, lo hagamos en el nombre de Jesús o Yeshúa (Colosenses 3:17); y, cada vez que se declaraba el nombre de Yeshúa que, traducido, es Yehováh salvará, Pablo y los santos de aquel tiempo sabían que estaban igualmente invocando al Padre, Yehováh.

 

Y, en la carta a los santos en Roma, en Romanos 10:13, se vuelve a usar el título de “Señor” (cuando es muy probable que, en el original griego, estuviera escrito el nombre de Yeshúa); y, aquí, en alusión al Señor Jesús o Yeshúa (pronunciación en el idioma hebreo). ¿Por qué? Porque, en palabras del apóstol Pedro: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12); por lo que Pablo, con el mismo Espíritu Santo morando en él, tan igual como Pedro, sabía que el nombre de Yeshúa daba testimonio del nombre del Padre, Yehováh, declarando Su solo nombre y, después por Su obra vicaria en la cruz, que efectivamente la salvación es de Yehováh.

 

Cuando se le dio el nombre a nuestro Salvador, Su nombre fue Yeshúa (no Jesús. Este nombre, tal como es mencionado en todas la mayoría de Biblias, no apareció sino hasta el siglo XVI) porque, en el idioma hebreo, éste significa: “Yehováh salvará”, llegando a ser el nombre de nuestro bendito Salvador Yeshúa un testimonio, un pregón de que Yehováh Dios salvaría a Su pueblo. Por lo que, cuando el apóstol Pablo vuelve a repetir la declaración de Joel, refiriéndose a Yeshúa como autor de esta salvación, es porque, como bien sabemos, el nombre mismo de Yeshúa significa “Yehováh salvará”; y que, cuando Él entregó Su vida en la cruz por nuestros pecados, llevando nuestra maldición allí, Su cruz, sangre o muerte fueron causa y efecto de esta salvación lograda y disponible para todo aquel que, ahora, invoca al Señor, a Yehováh Dios o a Yeshúa, llamándolo para ayudarle en sus necesidades del alma, de su organismo (enfermedad, etc.) o, como en esta ocasión, para que Él nos proteja de la muerte del covid-19.

 

Por lo que te animo, amigo mío, a invocar o llamar (la palabra invocar significa llamar) a Dios, y Su nombre es Yehováh, que significa “Yo soy el que es, era y será”, el Eterno; o, si lo prefiere (y es lo mismo), invoque o llame a Yeshúa que significa “Yehováh salvará”; porque, aún si no lo entiende (y yo no digo entenderlo todo), Yehováh del Antiguo Testamento es Yeshúa o Jesús del Nuevo Testamento, en palabras del profeta, Hermano William M. Branham; no son tres, sino una sola Persona, el único y sabio Dios manifestado en carne para redimirnos de la muerte y concedernos vida eterna.

 

13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor [Yeshúa], será salvo.

Romanos 10:13

 

¡Shalom! O, traducido, ¡Paz!


 

jueves, 21 de enero de 2021

 Y TODO AQUEL QUE INVOCARE EL NOMBRE DEL SEÑOR, SERÁ SALVO

 

16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

17 Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

19 Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre y fuego y vapor de humo;

20 El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto;

21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

(Hechos 2:16-21)

 


E

stas palabras fueron citadas por el Apóstol Pedro en la ocasión que, por primera vez, el Espíritu Santo descendió sobre la Iglesia; y que, evidentemente, para todos aquellos que hoy disfrutan de tener la promesa de Dios por los méritos de Jesucristo o Yeshúa el Cristo, la declaración del apóstol: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”, es garantía del cuidado de Yehováh Dios.

 

Hoy tenemos noticias que crean incertidumbre, turbación y angustia entre las gentes; y, seguramente, inclusive entre muchos de nosotros los cristianos profesantes; sin embargo, la promesa de Yehováh Dios sigue en pie, porque Él no cambia; y hoy, como aquel Día de Pentecostés o Shavuot (Chag Ha-Katzir, la Fiesta de la Cosecha (Exodus 23:16) y Yom Ha-Bikurim, Día de los primeros frutos (Numbers 28:26), podemos decir, con total confianza, “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

 

El apóstol citó al Profeta, en Joel 2:28-32 y, cuando leemos allí la cita Bíblica, allí sí que se menciona el nombre “del Señor” que se dice en Hechos 2:21:

 

32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.

(Joel 2:32)

 

Este versículo lo vuelve a recordar el Apóstol Pablo, en su carta a los romanos:

 

11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;

13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

(Romanos 10:11-13)

 

Y, como ustedes lo podrán notar, tanto aquí como en Hechos 2:21, el apóstol solo dice: “el nombre del Señor”, sin mencionar realmente Su nombre: Jehová o Yehováh (así figura en los manuscritos más antiguos de que se tiene conocimiento); y, muy posiblemente, y a la usanza de la tradición de los rabinos de la antigüedad hasta hoy, tanto el nombre del Padre como de Su hijo fueron ocultados para, en todo momento, reemplazarlos por el título honorífico de “Señor” cuando, en Joel 2:32, la promesa es para quienes invocamos o llamamos a Yehováh, llamándolo por Su nombre, no por un título. Y, lo que es más relevante aquí es que, cuando el Apóstol Pablo se refiere al “Señor”, haciendo referencia a Joel 2:32, claramente Él está dando a entender que Yehováh y Yeshúa son la misma persona, lo que descarta la doctrina de una supuesta trinidad.

 

Con esa confianza, y porque ahora Yehováh llegó a ser Yeshúa, que traducido es “Yehováh salva”, porque no hay otro salvador sino Yehováh Dios, para Él rescatarnos de nuestros pecados llegó a ser Yeshúa, Emanuel, Dios [está] con nosotros (Juan 1:14; Mateo 1:21), es importante que usted y yo lo invoquemos o llamemos por Su nombre, no solo por Su título honorífico de “Señor”.

 

En el versículo 14 de Romanos 10, el apóstol dice: ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?”; por consiguiente, conocer Su nombre es importante, necesario para invocarle o llamar, y más hoy cuando la muerte quiere herirnos en la forma de un covid-19.

 

El apóstol escribió en Romanos 8:31: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”; de manera que, confiadamente, podemos decir que, por causa de Yeshúa, tenemos a un Dios comprometido en cuidarnos, inclusive, de esta pandemia, del covid-19 o el nombre que quieran ponerle.

 

El Señor Yeshúa dijo:

 

17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

(Marcos 16:17-18)

 

Y este covid-19 es un demonio, es un mensajero de satanás para abofetearnos o zarandearnos, como el Señor Yeshúa mismo lo profetizó que sucedería; y, es más, Él dijo que era necesario que esta peste, plaga o pandemia sucediera (Mateo 24:6), ¿por qué? Yo creo que para probar nuestros corazones y, reconociendo que no hay salvación sino en Yehováh, invoquemos Su bendito nombre, Yehováh de los Ejércitos o, por el nombre de Su hijo, Yeshúa que, traducido, es “Yehováh salva”. ¡Aleluya!

 

32 Y todo aquel que invocare el nombre de Yehováh será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Yehováh, y entre el remanente al cual él habrá llamado.

(Joel 2:32)

 


 

martes, 29 de diciembre de 2020

 ¡Un próspero año 2021!

 

2 Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

3 Juan 1:2

 

P

róximos para ingresar a un nuevo año de nuestro común calendario (porque los budistas, chinos, hebreos y/o judíos, musulmanes y persas usan de otro calendario), este 1 de enero de 2021, quisiera compartir mi personal reflexión que, muy posible, tenga mucho en relación con la de muchos de ustedes.

 

Trabajé para una empresa dedicada a la logística y, concretamente, como auxiliar de almacén; y, de mi experiencia todo el tiempo que trabajé como almacenero, supe de un práctica que, año a año, cada seis meses o a-cíclicamente (por alguna emergencia), fue parte importante del control que hay en todo almacén, por pequeño que éste sea: El Inventario; y, cuantas veces participé de un inventario, principalmente los de fin de año, esto nos dejaba lecciones para, en el año que venía, asumiéramos las acciones que convenían a la empresa para que, si por allí habían errores que causaron daño a la empresa, a su activo (que era enorme), en el próximo año asumiéramos las acciones y correcciones para que tales errores no volvieran a suceder. De esta manera, podríamos decir que nos asegurábamos que, en el próximo año, tendríamos prosperidad respecto los casos que en el año que terminábamos nos eran objeto de observación, crítica y corrección. Esto me dejó una lección de vida; para, al igual que toda empresa, proponerme un año nuevo mejor no sin antes aceptar, con humildad, las observaciones y correcciones que me dejaba el inventario de mi vida a lo largo del año que terminaba.

 

Estamos próximos para entrar al año 2021; y, como bien nos “bombardean” día a día las noticias, por razón de una pandemia que aún sigue siendo nuestro más incómodo compañero, se nos vaticina una “segunda ola” o el brote de un cuadro pandémico con mayor estrago que el habido hasta hoy; y que, para que esto lo consideremos como cierto, este cuadro ya lo estamos viendo en la experiencia de los países de Europa; donde, por ejemplo en Inglaterra, se registraron poco más de 900 fallecidos en un solo día, lo que volvió a alarmar a toda Europa; y, por supuesto, a todo el mundo.

 

Como muchos de ustedes que frecuentamos diversos medios de comunicación o redes sociales como el Facebook, Messenger, WhatsApp y otros, a diario nos llegan buenas noticias, notas que tienen la intención de animarnos en el día presente; por ejemplo, con un “¡Que tengas un lindo día!”, ¿verdad?; pero, igualmente, o hasta quizá con mayor frecuencia, recibimos malas noticias relativos a la pandemia y cómo nuestros científicos y autoridades lo están afrontando; y, a esto, con el agregado nada grato de críticas contra los protocolos que se han ido desarrollando para controlar el covid-19 y, finalmente, contra las vacunas que se estarían elaborando con mucha crítica. A veces termino el día y, no sabiendo a quién creer (obstante las críticas parecen estar algo significativamente fundadas y expuestas por profesionales de la salud), quisiera eliminar mi cuenta de Facebook, Messenger o WhatsApp; pero, al rato, con algo de aliento decido entregar esta y toda carga a Aquel que sabe cómo confortarnos y darnos aliento para un día próspero, a nuestro Señor y Padre Yehováh (nombre hebreo para Dios).

 

El Señor Jesús (Yeshúa en hebreo) dijo: “Venid a mí todos los que estáis cargados y cansados, y Yo os haré descansar…” (Mateo 11:28-30); y, ciertamente, estoy aprendiendo a depositar mis cargas y buscar reposo y recuperación para un nuevo día, en Cristo Yeshúa; porque Él es Aquel a Quién Dios ha designado para ser nuestro Propiciatorio, Aquel Quién puede compadecerse de nuestros errores y fallas en la vida.

 

¿Qué balance nos merece este año 2020 que estamos próximos a despedir? En lo personal, puedo calificar mi año 2020 como positivo; porque, aún y cuando no he logrado aquello que es motivo de mi llamamiento en Cristo Yeshúa, aun así he aprendido para afirmarme aún más en Sus promesas, Sus mandamientos, Su verdad absoluta; creyendo, un poco más que ayer y en palabras del apóstol, que Él es poderoso para cumplir lo que ha prometido (Romanos 4:21).

 

Éste año 2020 ha sido uno de los más duros por los que hombre alguno haya pasado; y, para todo cristiano, que aspira adorar a Yehováh Dios en toda circunstancia, no importando las vicisitudes por las que uno atraviese, éste año ha significado una de las más claras pruebas para nuestra fe: en lo personal, fui sacudido y turbado hasta la angustia (Mateo 24:6; Marcos 13:7) que, de no haber sido por esta pequeña medida de fe que confío haber recibido de Dios, seguramente habría reaccionado en la anarquía como muchos están obrando, revelándose contra nuestras autoridades.

 

El Dios que dijo que estas cosas iban a suceder (Mateo 24), tiene la gracia para sostenernos en todo momento y ayudarnos para mostrar un testimonio que diga de una fe que agrade a Dios; y que, seguramente, nos dará parte y suerte con todos los bendecidos en Cristo Jesús o Yeshúa.

 

Así, cuando muchos vaticinan un año 2021 sombrío para este 2021; yo espero, con Su ayuda, Su gracia o favor, vivir por encima de todo ello, porque “Sobre una roca me pondrá en alto.” (Salmo 27:5).

 

¿Qué deberíamos hacer para asegurarnos un próspero año 2021? ¿Vestirnos con prendas de color amarillo, comer pasas, un baño personal u otro ritual; o, como algunos seguramente lo harán, consultar con el tarot, las cartas, la huija o ouija? Por qué no mejor invocar o llamar al Dios que tiene control del futuro; y, tanto así que, en el libro del Apocalipsis o Revelación, ya están escritos los sucesos que acontecerán en los próximos años para alegría de los justos y tristeza y angustia del pecador. Si Dios hasta aquí ha cumplido casi todas Sus profecías, siendo la principal de todas éstas el advenimiento de Su Mesías o Cristo, nuestro Señor Jesús o Yeshúa; y, con Él, toda promesa que por Su causa es dada a la Iglesia; entonces, ¿cómo no creer en las promesas que están por suceder en adelante? Está prometido el arrebatamiento de la Iglesia (los santos en Cristo Yeshúa), juntamente con la resurrección de los muertos en Cristo (la primera resurrección); y, según lo enseñó el Rev. William M. Branham, Él quitará a Su Iglesia de la tierra para, después, desatar toda la ira de Sus juicios contra un mundo pecador que se complació en el pecado, que nunca procedió al arrepentimiento. Vienen Sus juicios, amigos, familia, hermanos en Cristo (1 Tesalonicenses 5:1-11; 2 Tesalonicenses 2:1-17; 2 Pedro 3:1-18; Apocalipsis 16:1-21); y, en aquel día, el Día del Señor, no prosperará nada sino Su ira, Su enojo.

 

¿Qué deberíamos hacer para tener parte y suerte con Sus promesas de bien, de paz y prosperidad, para proveernos un año 2021 promisorio, con la promesa de Sus promesas que Él siempre cumple? Respuesta: solo creer en Aquel a Quién Dios envió, en Jesucristo, Yeshúa el Cristo; porque Él llevó la ira y el castigo de Dios por nosotros; para que nosotros, siendo justificados por la fe en la obra vicaria del bendito Yeshúa, tengamos paz y prosperidad, no solo este año 2021 sino por toda la eternidad.

 

El apóstol Juan hizo esta declaración a Gayo, un anciano y condiscípulo suyo de aquel tiempo: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 1:2); y, cuando leemos la expresión “deseo”, ésta contiene las mismas raíces para la expresión “orar”; por lo que, igualmente podríamos leer: “Amado, yo oro que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Yo podría desear muchas cosas; pero, si no son la voluntad de Dios, quedarán como deseos incumplidos; pero, si reconozco que el alma de una persona está prosperando en fe, virtud, conocimiento, dominio propio (templanza), paciencia, piedad, afecto fraternal y amor (2 Pedro 1:5-7), mi deseo es más que un simple deseo; para, en oración, pedir porque tal persona sea prosperada en todo lo demás, en su salud, tanto como su alma, lo más profundo de su ser ya está prosperando por la ministración de la bendita Palabra de Dios.

 

Este año 2021 es mi oración, más que mi deseo, es un deseo puesto en acción mediante la oración al Dios que escucha, porque tú conozcas a Dios, Yehováh es Su nombre; y que, conociéndole, sepas cómo conducirte delante de Él hoy y siempre, agradándole, para una vida próspera y confiable para el porvenir. ¿Y cómo Le conocemos? Sencillo: mientras lecturamos Su bendita Palabra, en oración, clamando porque Él nos ayude a entenderlas.

 

17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

1 Juan 2:17

 

¡Un Próspero Año 2021, en Cristo Yeshúa. Amén!

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados

 Porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados

21 Y dará a luz un hijo, y llamarás Su nombre Jesús [Yeshúa, en hebreo], porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados.

Mateo 1:21

 

Estamos cerca de la Navidad y, como años anteriores, quisiéramos rememorar que, un día 25 de diciembre, nació el Salvador del mundo; aunque, ciertísimamente, hay pruebas suficientes como para desestimar que el Salvador naciera en esta fecha; sin embargo, y porque tal parece que ésta sería el pretexto o excusa única para rememorar con sentido de festividad Su nacimiento, quisiéramos festejarlo o celebrarlo con toda la alegría y acción de gracias que el hecho amerita, motiva.

 

En el versículo que hemos copiado aquí, se dice que la orden del ángel (posiblemente el mismo ángel que visitó a María, en San Lucas 1:26-38), que debían llamar al niño por el nombre de Jesús; y, seguidamente, el ángel da la explicación del porqué de este nombre: “porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados.” No hay mensaje más consolador que éste, que Dios nos envíe un Salvador para salvarnos de nuestros pecados.

 

En Romanos 3:9-18, el apóstol detalla la condición de todo hombre (o mujer), que “No hay justo, ni aún uno”; y, en el capítulo 6 y versículo 23 de este mismo libro, que “la paga del pecado es muerte”, por lo que todos estaríamos condenados a muerte de no mediar un Salvador, Alguien que nos salve de la muerte producto de nuestro pecado.

 

La pregunta sería, ¿por qué Dios querría matarnos, por causa del pecado?

 

Romanos 3:23 sería la respuesta a esta interrogante: “por cuanto TODOS pecaron, y están destituidos [faltos] de la gloria de Dios [no nos parecemos a Él].”

 

En el principio, Dios creó los cielos y la tierra, y todo lo que lo habita; y, cuando Él había concluido la obra de la creación, las Escrituras afirman que Él estaba complacido de Su trabajo, de Su obra:

 

31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.

(Génesis 1:31)

 

Pero, tan pronto como nuestros primeros padres pecaron, la muerte entró en el mundo; y, tanto así que, por causa de este pecado, toda la creación fue contaminada en corrupción:

 

17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

 

Así, toda la creación, juntamente con los hombres, estábamos condenados a morir; y, según Apocalipsis 20:15, para morir por toda una eternidad. Pero Dios, que es rico en misericordia, es evidente que, desde aquella vez que nuestros padres pecaron trayendo, con ello, maldición a toda su descendencia o generación, también proveyó la manera para salvar a Su hijo de su pecado; cuando, en Génesis 3:21, Él cubrió a Adán y Eva con túnicas de pieles, tipificando desde ese preciso instante la muerte de un Sustituto o Vicario por Su hijo, por nosotros.

 

18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.

19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos

Romanos 5:18-19

 

Por esto mismo apareció Jesús, nuestro Salvador, para todos los que le reciben y confiesan como tal, creyendo en Su obra sustitutoria o vicaria por nosotros en la cruz. El apóstol escribió:

 

6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Romanos 5:6-9

 

Si nuestra religión no tiene el poder para proveernos el Espíritu Santo, que es la señal de Su aprobación, que Él nos ha justificado por la fe en Jesucristo, entonces nuestra religión es vana, es otro delantal de hojas de higuera (Génesis 3:7), porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22); y las hojas de higuera, por más que parecieron cubrir la aparente desnudez de Adán y Eva, no pudieron cubrir su pecado. Y, desde entonces, TODOS nacemos pecadores; por consiguiente, TODOS necesitamos de un Salvador, de Uno que nos salve de nuestros pecados que nos califican que somos incompetentes para vivir, honrar y glorificar a un Dios justo y santo. El hecho de que pecamos, eso demuestra de que somos pecadores.

 

23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

Romanos 3:23

 

El Rev. William Branham dijo lo siguiente:

 

239 Por eso es que nuestra religión es por Sangre, la Sangre. La Vida está en la Sangre que cubre la Palabra. Y la Vida es la… Está en la Sangre. La Sangre es religión [la palabra religión proviene del latín religare o volver a atar], y la Vida en la Sangre es lo que produce los resultados. ¡Oh!, ¿lo ven? ¿Ven?

240 No es cubrirse con hojas de higuera; Adán y Eva intentaron eso una vez. Caín hizo lo mismo. ¿Notaron eso Uds.? Caín también trajo de la vida botánica (¿ven?); pero no funcionó. Eso no les funcionó a Adán y a Eva, y eso no funcionará hoy. Cuando Dios lo rehusó en el principio, queda rehusado por la Eternidad. Credos hechos por hombres y pensamientos jamás la substituirán.

62-0422 - La Restauración Del Árbol Novia

 

53 Por eso fue que las manzanas y melocotones y demás cosas de Caín, no funcionaron. Tenía que ser una vida que tuviera sangre, y la vida había salido del sacrificio, y ahora la sangre era la señal de que el mandato de Dios había sido llevado a cabo. Ahora, ¿qué requirió Dios? La vida; y la sangre mostraba que una vida había tenido que desaparecer. Así que la sangre era la señal que la vida había sido sacrificada, que algo había muerto (el requerimiento de Dios); que una vida había sido sacrificada, y que la sangre había sido derramada. Y la sangre representaba la señal, de que una vida había desaparecido. La vida del animal la cual Dios había dicho debía ser tomada, era la sangre representando la señal. ¿Ven?

63-0901m - La Señal

 

56 Ahora, en aquel tiempo, la señal debía estar en la puerta. Debía estar allí, a pesar de lo religiosa que fuera la casa, de cuán religiosa era la gente, o lo bien que habían criado a sus hijos; de lo bien que habían asistido a la iglesia, o lo bien que ellos habían desplegado todas las cosas que Dios había dicho. Sin embargo, en esa hora final, donde era un reto entre la muerte y la vida, la sangre tenía que estar desplegada. Y la sangre mostraba que un sustituto inocente había sido tomado en lugar del adorador. Y la química de la sangre, la misma sangre roja, era una señal sobre la puerta de que esta casa estaba a salvo, bajo la sangre. Ahora, eso fue un tipo.

63-1028 - Perdón

 

De manera que, aquel día, tarde o noche (las Escrituras no lo precisa), cuando nació nuestro bendito Señor Jesús, nació nuestra salvación: “porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21). ¡Qué noticia más dichosa para compartir! Y que, por lo mismo, es que el ángel dijo a los pastores: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas [del griego euangelizō, traducido como evangelio] de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” (Lucas 2:10-11)

 

Que la dicha que reinó en el corazón de aquellos pastores; como, después, en Simeón, un hombre piadoso que espera la consolación de Israel, y Ana, la profetisa (Lucas 2:21-38), reine en nuestros corazones; cuando, este 25 de diciembre, hagamos remembranza y meditemos sobre el inmenso significado del nacimiento, natividad o navidad de nuestro Señor Jesús; que, desde Su concepción en el vientre de María, Él ya estaba ordenado para ser nuestro Salvador; y, tanto así que, para recordárnoslo todo el tiempo, Dios puso por nombre a Su Hijo, Jesús. Cierto, el nombre Jesús es un nombre latinizado que, realmente, no tiene etimología, origen o procedencia; que pareciera que, al no poder o querer usar Su nombre en hebreo, Yeshúa, se trasliteró del hebreo al griego, del griego al latín y, desde allí, a nuestro idioma el español; con lo que, y sin darse cuenta en el daño que se estaba causando, perderse el sentido que todo nombre en hebreo está construido; y, en el caso de nuestro Salvador, Su nombre Yeshúa significa Yehováh es nuestro salvador o salva.

 

¿Celebrarán el nacimiento de Jesús, el Salvador o, como los paganos desde tiempos inmemorables, celebrarán el nacimiento del sol, adorando a la creación antes que al Creador (Romanos 1:25)? ¿Aceptaremos el regalo de Dios en la persona de Jesucristo o, por el contrario, cederemos a la fuerte tradición de un ficticio e inventado Papá Noel trayendo regalo para nuestros niños; cultivando en ellos, con esta falsedad, a convivir con la mentira?

 

¡Feliz Navidad, para todos aquellos que celebren el nacimiento, natividad o navidad de Jesús, nuestro Salvador!