viernes, 6 de diciembre de 2024

LES OIMOS HABLAR EN NUESTRA LENGUA

(Testimonio)

5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?

Hechos 2:5-12

A

quel memorable Día de Pentecostés, el Espíritu Santo cayó -por primera vez- sobre la Iglesia y, desde entonces, permanece para dar testimonio de Jesucristo, consolar, guiar a toda verdad, fortalecer y seguir manifestándose a la Iglesia de cara al fin de los tiempos, la redención de la posesión adquirida, la restauración del Reino cuando, con Su Iglesia, Jesús reine por la eternidad.


Ese Día de Pentecostés, registrado en el capítulo 2 del libro de Hechos, el Espíritu Santo se manifestó de manera extraordinaria y, tanto así, que impresionó a los que habían venido a celebrar Pentecostés en Jerusalén, de diferentes países o naciones, porque Éste descendió del cielo acompañado de “un estruendo, como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados”; y, acto seguido, “se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Aquello debió ser impresionante, por lo inusual, y como todo acto milagroso que Dios haya hecho alguna vez en favor de Su pueblo; y, a la vez, causó admiración entre los presentes quienes, porque provenían de diversos países o naciones, llamó la atención de todos ellos que estos 120 galileos hablasen sus lenguas o idiomas; y proclamando, a través de estas lenguas, las maravillas de Dios. Ellos, atónitos y perplejos, solo atinaron a preguntarse “¿Qué quiere decir esto?”

Acto seguido, el apóstol Pedro explicó el significado de esta manifestación y, cuando él les dio a entender que esto era el cumplimiento de profecía, y que este cumplimiento era por causa de Jesucristo, a Quién ellos habían matado crucificándole, eso los convenció de pecado para creer en el nombre de Jesús, y todas las bendiciones que, mediante Su nombre, son concedidas a todo aquel que cree.

Y esto me recuerda cuando, en mi segundo año de convertido a la fe en Cristo (vine a Dios a los 30 años, por el año 1981), Dios igualmente llamó mi atención mediante lenguas o un don de lenguas.

Congregaba, entonces, en una iglesia pentecostal en el distrito del Rímac y, por gracia de Dios, una iglesia que aún era visitada por el Espíritu Santo con manifestaciones de lenguas, profecías y visiones. El primer año, a raíz de mi ignorancia, no supe cómo lidiar con un espíritu de incredulidad que, prácticamente, me pareció verlo que se aproximaba hacia mí, y entró en mí y, desde entonces, sentí como que hacía el ridículo creyendo en Dios, creyendo en Jesucristo y, muy perturbado como estaba, dejé de congregar.

Por aquel tiempo, decidí estudiar el inglés porque, a la sazón, trabajaba en una oficina en el aeropuerto y, como quiera que traté con algunos clientes de habla inglesa, me resultaba incómodo atenderlos sin entender lo que ellos decían, a lo que accedía prácticamente por señas que hacían y algunas pocas palabras en el idioma inglés que había memorizado. Así, estudié el inglés básico, y parte del curso ‘Avanzado’ y, como quiera que por entonces volví a frecuentar el licor, los cigarrillos y otras prácticas pecaminosas, temiendo ir de mal en peor, sentí una profunda necesidad de buscar a Dios en Quién, ahora, no parecía creer. No fue nada fácil pero, urgido por la situación por la que pasaba, ‘mandé a rodar’ todos mis prejuicios y, aunque muy nervioso, volví al templo de esta iglesia -casi un año después- y, en mi angustia, me propuse no hablar con nadie sino, solamente, dirigirme hacia el ambiente que llamaban ‘Cuarto de oración’, que conocía.

Esa noche, ingresé al Cuarto de oración y, casi de inmediato, caminé hacia el frente donde habían dos reclinatorios para orar, y me arrodillé.

Estaba algo oscuro, como se acostumbraba para evitar que, quienes frecuentaban este ambiente, no se distrajeran mirando a otros sino, por el contrario, nos concentráramos en tan solo buscar Su rostro en oración.

Cuando, intentando orar, me resultó difícil porque, como lo digo líneas arriba, ya no parecía creer en Dios y, es más, sentía como que era ridícula la idea de un Dios. Sin embargo, y porque pasaba por momentos muy angustiantes para mí, temiendo volver al pecado como lo hice en mi pasado, y peor aún, hice mi mejor esfuerzo y oré más o menos de esta manera:

Dios, yo no se si existes pero, si existes, por favor atiende mi ruego, ayúdame porque temo volver al pecado, temo hacer cosas peores.

Dejé de orar, y esperé un rato; y, mientras ya no oraba, empecé a escuchar a un hermano que estaba en el reclinatorio al lado de mí, como a unos 4 o 5 metros de mí y, porque hablaba con el mote de un serrano, llamó mi atención; porque, además de hablar con su mote, casi sin expresar bien el idioma español, lo hacía con un inmenso cariño por Dios, y con una voz casi natural, como quién habla con otro, con un conocido. A lo que dije a Dios, aún sin creer que Él me estaba escuchando, “¿Ves, Dios? Ese sí que te conoce, porque te habla con afecto, lo que yo no puedo hacer.”

Y, al instante, este hermano empezó a hablar en inglés, y lo hacía tan perfectamente que yo lo podía reconocer. Como digo líneas arriba, en esta iglesia era común oír hablar en lenguas y, en mi contacto con algunos hermanos, escuché hablar muchos idiomas que, aún sin ser perito en idiomas, podía reconocer lo fidedigno de las expresiones en tales idiomas. Por ejemplo, conocí a un hermano por nombre Antonio que, reunidos en una ocasión, visitando a otro hermano para saber de él y reconfortarlo, habló -bajo el Espíritu Santo- tantos idiomas que no podían ser -definitivamente- idiomas aprendidos sino genuinas manifestación del Espíritu Santo; pero, aún y cuando he oído hablar lenguas en esta iglesia, y otras de fe pentecostal e, inclusive, mi esposa también habla en lenguas, nunca en mi vida había oído hablar en el idioma inglés.

Y en esta ocasión, además de entenderle a este hermano que empezaba a hablar el[EEL1]  inglés; lo que es más, su voz cambió, no era su misma voz, la de un iletrado, tímido o apocado sino, por el contrario, era como la voz como de un locutor, vigoroso, firme; y, realmente, fue como un trueno para mí. Y le entendí decir: “Papito lindo, ¡Cómo te amo, Señor”, entre otras expresiones que ya no las recuerdo y que, aún y mi básico entendimiento del idioma, sabía lo que este hermano decía en lengua inglesa, el idioma que yo había estudiado.

Impresionado como estaba, busqué en mi memoria aturdida explicación a este acontecimiento y, sin pretender ser presumido, creo reconocer que el Espíritu mismo me guió para reconocer esta experiencia que, tan igual como aquella mañana de Pentecostés, en Hechos 2, impactó el corazón de quienes habían venido de diversas naciones a celebrar a Yehováh Dios, yo también fui impactado como ellos porque, como ellos, igualmente entendí lo que las lenguas decían y, al rato, sentí como una explosión del interior de mi pecho, como que explotó hacia afuera, tras lo cual pude exclamar con total libertad: “¡Halleluyah, alabado seas Tú, bendito Dios!”, y cosas similares. Ese espíritu de incredulidad y confusión se fue.

Así, ¡qué importante es tener entre nosotros la manifestación del Espíritu Santo! Sí, yo también le doy la preeminencia a la Palabra, al ‘Escrito está’, a la ‘Sola Scriptura’ y, por lo mismo, cuando hay profecía en la congregación de los santos, por ejemplo, con el recurso de la Palabra es que juzgamos esa profecía para reconocer si es o no es de Dios (1 Corintios 14:29).

Y, desde esa ocasión en que el Espíritu Santo se manifestó para restaurarme la fe, vivo adorándole y bendiciéndole con toda gratitud creyendo, racionalmente, que las manifestaciones del Espíritu aún están vigentes y disponibles para todo el que las anhela, como bien nos lo dejó instruido el apóstol Pablo en 1 Corintios 12:31:

Procurad, pues, los dones mejores…

Y, lo mismo al comienzo del capítulo 14, versículo 1:

Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.

El hecho de que el apóstol hace preeminencia del amor, en el capítulo 13 de 1 Corintios, no indica -en absoluto- que los dones o manifestaciones del Espíritu Santo hayan terminado o cesado (no hay Escritura que de por sentado tal afirmación, sino la torpe interpretación de malos teólogos de este tiempo) sino, únicamente que, en la manifestación de estos carismas, debemos manifestar siempre el amor, que el amor gobierne nuestra administración de estos carismas o manifestaciones del Espíritu Santo.

Así, si usted, hermano o hermana, anhela la manifestación del Espíritu para provecho (1 Corintios 12:7) propio (14:4) o de toda la iglesia local (14:12), pídalos en oración, y nuestro bendito Yehováh Dios los dará. ¿Cómo no necesitar de Su manifestación a través de estos dones o carismas? Pues, como en días del Señor, necesitamos la manifestación de ‘Palabra de Ciencia o Conocimiento’, como cuando el Señor dijo a Natanael: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.” (Juan 1:48) o, cuando Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo, y creían que nadie lo iba a saber, el Espíritu se manifestó y reveló a Pedro que ellos habían mentido a Yehováh Dios, y fueron muertos. ¡Cuánto necesitamos de Su manifestación en nuestras iglesias, que lo irreverentes e impío no siga enseñoreándose de nuestras iglesias locales; y, lo mismo, necesitamos de otras de las 9 manifestaciones como lenguas, interpretación, sanidad y milagros, y toda manifestación prometida para beneficio del Cuerpo de Cristo, Su Iglesia.

En días del hermano Branham, profeta de Dios, él contó un testimonio de cómo, cuando ministraba a una señora, por sanidad, él dijo a esta hermana, por el Espíritu, que se arrepintiera de un pecado de adulterio, lo que su esposo -sentado en la concurrencia- escuchó y, de inmediato, el esposo le reclamó a su esposa, públicamente, por cómo le había sido infiel pero, casi de inmediato, el hermano Branham volvió a intervenir para decir por el Espíritu, y esta vez al esposo sentado entre la concurrencia, que él también le había sido infiel a su esposa con una extraña, para exhortarles a ambos a proceder al arrepentimiento. ¿Cómo no necesitar de la manifestación del Espíritu Santo, de Dios mismo en nuestras iglesias para limpiarla de tanta inmundicia, de tanto abuso por parte muchos hombres que, reclamando ser ministros de Dios, se enseñorean de las iglesias locales para abusar de ellas en diezmos y ofrendas y otras abominaciones. ¿Cómo no anhelar la manifestación de Dios mismo, que Él se enseñoree en Su Iglesia, como es justo que sea.

Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.

1 Corintios 14:12


 [EEL1] 

martes, 3 de diciembre de 2024

LOS MEJORES DONES

Procurad, pues, los dones mejores…

1 Corintios 12:31


La expresión “mejores” en este versículo proviene del griego κρείττων que también se traduce como:

Más útil, más servicial, más ventajoso, y más excelente.

Por ejemplo, en Hechos 2, cuando los 120 discípulos recibieron el Espíritu Santo, el Espíritu consideró manifestarse en lenguas porque, a la sazón, en esa ocasión estaban reunidos en Jerusalén, celebrando la fiesta santa del Pentecostés, “judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.” Y, como quiera que todos ellos hablaban (además del hebreo) diversidad de idiomas según el lugar de donde procedían, el Espíritu consideró manifestarse en esos idiomas o lenguas; no solo para impactarlos, expresando perfectamente un idioma que solo ellos conocían, y no exactamente los discípulos de quienes sabían eran gente del vulgo, del pueblo, prácticamente ignorantes; pero, igualmente, porque fue el cumplimiento de una profecía con lo que ellos estaban muy familiarizados:

porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo [El Espíritu Santo]; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír.

Isaías 28:11-12

Y, efectivamente, eso fue lo que el apóstol Pedro dijo en su discurso:

Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Hechos 2:33

Sí, aquella vez, en Hechos 2, y en otras ocasiones, el Espíritu Santo manifestó lenguas pero, como bien lo podemos entender en los pasajes de Hechos capítulos 10 y 19, el Espíritu no solo habló lenguas porque, y como bien lo explica el apóstol Pablo en 1 Corintios 14, a veces no es necesario que se manifiesten las lenguas; pero, tanto en Hechos 2, 8, 10 y 19, cuando el Espíritu fue derramado sobre los creyentes, hubo una manifestación del Espíritu según Él lo quiso y, conforme a 1 Corintios 12:31, lo que era más útil o necesario en ese momento.

Así, muchas veces las lenguas no serán necesarias en una reunión de iglesia porque, al ser misterios, nadie lo entiende (ni el que las habla); y, por lo tanto, el apóstol instruyó a callar en la iglesia, a hablarlos calladamente, salvo que haya quién las traduzca con el don de interpretación.

Y lo mismo en relación a los otros dones, carismas o regalos del Espíritu Santo: Si hay alguno que está enfermo, seguramente el Espíritu anhelará sanar al enfermo y, así, glorificar el nombre de Jesucristo, como Él lo dijo (Juan 16:14); y, si hay la necesidad de un milagro, seguramente eso es lo que el Espíritu Santo querrá hacer.

Así, y si estamos en sintonía con el sentir de Dios, el Espíritu Santo, bien haremos en procurar o anhelar los dones o carismas o regalos o manifestaciones del Espíritu Santo que sean los más necesarios, los más útiles para la consolación y edificación del Cuerpo de Cristo, la Iglesia del Dios viviente.

No hay Escritura que haya proscrito o puesto fin a la manifestación del Espíritu de Dios o Jehová, no la hay; y, cuando muchos leen 1 Corintios 13, sobre la preminencia del amor, ellos mal concluyen que allí se dice de la terminación y cesación, por ejemplo, de los dones de profecía, ciencia (conocimiento) y lenguas, pero el pasaje de esta Escritura no dice tal cosa para mal concluir que hoy ya no están vigentes tales manifestaciones de Dios, no; y, tanto es así que, en 1 Corintios 14:1, el apóstol insiste en que debemos proceder, por sobre todo, en amor pero, seguidamente, exhorta “y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.” Que, si los dones del Espíritu ya no fueran importantes y necesarios para la edificación de Su Iglesia, el apóstol no insistiría en encomiarnos a procurar o anhelar la manifestación del Espíritu.

En los vv. 39 y 40 de este capítulo, el apóstol termina diciendo:

Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden.

Así, procuren o anhelen la manifestación del Espíritu Santo que crean útiles o necesarios para la edificación y consolación de vuestra iglesia local, crean a la promesa que, por esto mismo, es que el Señor Jesús murió por nosotros para, mediando ante el Padre, enviarnos la promesa del Espíritu Santo, Su bendita presencia entre nosotros a través de estos dones, carismas o manifestaciones de Su Espíritu: El Consolador. Solo que hagamos todas estas cosas decentemente y con orden, que el apóstol -felizmente- dejó instrucciones al respecto en este capítulo 14 para considerarlas.

La gracia de Jesucristo sea con todos ustedes. Amén.


jueves, 28 de noviembre de 2024

JEHOVÁ ES JESÚS

C

uando Jehová Dios se manifestó a Moisés, en Éxodo capítulo 3, Él le reveló Su nombre para dárselo a conocer a Su pueblo, Israel.  

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

Éxodo 3.13-15

Cuando Dios dijo en la zarza ardiente “Yo soy el que soy”, estaba explicando el significado de Su propio nombre. La palabra hebrea para “Yo soy” es Ejeyé, derivada de la raíz hebrea que significa “ser”. En hebreo bíblico, “Yo soy” realmente significa algo como “Yo existo”. Al decir “Yo soy el que soy”, Dios está declarando que Él es el que [Él] es, el que realmente existe. Él es diferente de los demás dioses quienes solo existen en la imaginación de los hombres.

El nombre de Dios, יהוה o YHVH, se deriva exactamente de la misma raíz hebrea de “Yo soy”. Hablando estrictamente, este nombre es una combinación de tres formas de esta raíz hebrea: Jayá, Jové, y Yijiyé, como sigue:

Hey ה: Tiene que ver con el pasado del verbo “ser”, es decir, “haya”. Por tanto significa "Él fue".

Hey ה + Vav ו: Corresponde al acróstico de la palabra “hove” (ser o estar en presente) y, por tanto, significa "Él es".

Yud י: Corresponde a la tercera persona del singular del verbo “ser” en futuro, es decir "Él será".

Que, correlativamente, significan: “El fue”, “Él es”, y “Él será”.

Cuando lo llamamos por Su nombre estamos esencialmente diciendo, “Él ha existido siempre, Él existe ahora, y Él continuará existiendo para siempre”. Dios dice “Yo soy” acerca de sí mismo, pero nosotros habremos de llamarlo “Él fue, Él es y Él será”. Lo que esto significa es que “Yo soy” no es el nombre de Dios, es la explicación de Su nombre.


Y, cuando llegamos al Nuevo Testamento, allí también encontramos esta declaración que es la explicación del nombre ‘Jehová’ (literalmente se pronuncia Yehováh) cuando, en Apocalipsis 1:8-18, el apóstol Juan, como escriba de este libro de profecía, declara haberse encontrado con el Señor Jesús y, en este contexto, Él dice de sí mismo: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” Esto es, aquí Jesús declara ser Jehová o Yehováh que, como lo entendemos en este breve estudio, consta del verbo “ser” en sus tres tiempos: “el que es y que era y que ha de venir” o, literalmente, “el que será.”

El problema, probablemente, se originó al momento que los apóstoles llevaron el nombre de Jesucristo al pueblo e iglesia gentil (fuera de Israel), habiendo dificultad para traducir correctamente Su nombre y toda palabra hebrea al idioma griego en que -mayormente- el Nuevo Testamento fue escrito (se usó el sistema de transliteración, buscando la letra griega que correspondía a la letra hebrea) y que, al hacerse esta transliteración, lamentablemente se perdieron las raíces o composición etimológica de, especialmente, los nombre propios. Así, el nombre del Señor que, en el idioma hebreo se escribe ישוע y pronuncia Yeshúa, se transliteró al nombre griego Ἰησοῦς que se pronuncia como Iesous; de donde se tradujo al latín Iesus y, de allí, al español Jesús.

Sí, hemos invocado al Señor por el nombre de “Jesús”, que es la traducción transliterada desde Su nombre en el idioma hebreo: ישוע o Yeshúa, lo que no está mal pero, en esta traducción o transliteración, perdimos la composición de Su nombre en hebreo que, como todo nombre propio en hebreo, siempre tiene un significado y, muchas de las veces, está en relación con la deidad o el nombre Yehováh. Así, el nombre de nuestro Señor Jesús, en el idioma hebreo: ישוע o Yeshúa está compuesto de dos expresiones o palabras: El nombre de Dios, Yehováh, y el verbo “salvar” por lo que, juntos, se traducen como “Yehováh salva”. Así, todo el tiempo que el Señor Jesús anduvo por Israel, Él pregonó el nombre de Su Padre, Yehováh, y que Él salvaba. Por ello, y a la luz de este pequeño estudio, bien podemos entender, concluir o reconocer que fue Jehová o Yehováh, y no otro (no una segunda persona de una supuesta ‘Santísima Trinidad’), Quién fue a la cruz por nosotros. ¡Halleluyah!

Jehová o Yehováh, “el que es y que era y que ha de venir” o, literalmente, “el que será.”, no es otro sino el Señor Jesucristo, la misma persona.

Con razón el profeta Zacarías profetizó:

Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre.

Zacarías 14:9


Este breve estudio contiene una porción del libro ‘Rompiendo la Conspiración del Silencio’, capítulo 6, ‘La Zarza Ardiente’, del Dr. Nehemia Gordon.


domingo, 13 de octubre de 2024

VIGENCIA DE LOS DONES DE CONOCIMIENTO, PROFECÍA Y LENGUAS EN LA IGLESIA LOCAL

8 …pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

1 Corintios 13:8-12

8 …pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Hay teólogos que concluyen, y así lo enseñan, que estas manifestaciones del Espíritu Santo ya no están vigentes el día de hoy; argumentando que, y según la historia, desde la partida del último apóstol ya no se registran tales manifestaciones; e, inclusive, las manifestaciones de sanidades y milagros. Sin embargo, y según lo declaró el apóstol Pablo cuando él se despidió de los santos de Éfeso, la razón del porqué no hubo más manifestación del Espíritu por aquellos días, tras la partida de nuestro apóstol Pablo sería, según él; no a la partida del último apóstol (quién, a la sazón fue Juan), como que la manifestación del Espíritu Santo está supeditada o sujeta a la presencia de los apóstoles (recordemos que el Señor dijo en Marcos 16:17-18: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” Y, como lo leemos, en ninguna parte Él dijo que tales manifestaciones serían manifiestas solo o únicamente en los apóstoles. Él dijo “Y estas señales seguirán a los que creen…”); sino, según el apóstol lo declaró en Hechos 20:29-30:

29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

Y, esto es fácil de sustentar porque, aún en el libro de Hechos, la manifestación del Espíritu Santo en lenguas, profecía, sanidades y milagros (que leemos en 1 Corintios 12), obró en los diáconos y evangelistas Esteban y Felipe e, inclusive, en las cuatro hijas del diácono y evangelista Felipe (Hechos 21:8-9). En Gálatas 3:5, el apóstol hace esta declaración:

5 Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Y, en Hebreos 3:12:

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.

Hermanos, es la incredulidad que ha ingresado en las iglesias lo que impide que el pueblo disfrute de la manifestación del Espíritu Santo a través de los dones de 1 Corintios 12. Desde que los apóstoles se fueron, incredulidad ingresó en la Iglesia y, salvo los elegidos que se mantuvieron fieles a las cartas del apóstol Pablo, la mayoría de iglesias fueron corrompidas para, como en tiempos de Israel, resistir al Espíritu Santo descreyendo la provisión de Sus dones; y, desde entonces, una iglesia apóstata fue erigiéndose, una prostituta o ramera, porque prefiere agradar a los hombres antes que a Dios; y, tras la protesta de Lutero, ese espíritu sucio aún sigue hasta hoy en iglesias que impiden el hablar en lenguas, profetizar, satanizando al que tiene sueños y revelaciones; cuando todo eso es lícito y, solamente, somos exhortados a juzgar tales manifestaciones si realmente son o no son de Dios (1 Corintios 14:29; 1 Juan 4:1-3).

9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto [o completo], entonces lo que es en parte se acabará.

Hasta aquí podemos entender o concluir que el término del conocimiento y las profecías, de que trata el apóstol en este pasaje, está supeditado o sujeto a “lo perfecto” o “completo”; que, cuando lo perfecto o completo se haya manifestado, entonces recién podríamos aceptar que el conocimiento y las profecías dejarían de ser, que ya no tendríamos más necesidad de tal manifestación del Espíritu Santo.

¿Pero, ya tenemos lo “perfecto” o “completo”? Pues no; aun cuando tenemos “la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;” (2 Pedro 1:9); porque, obstante esta consoladora verdad, hay profecías que aún no están cumplidas, relativos a la segunda venida del Señor, el Día del Señor y el fin con Sus juicios; y, para estar debidamente preparados para tales acontecimientos (excepto el juicio, si Su gracia nos guarda de ello), precisamos entender tales profecías; y, a mi entender, con el advenimiento del Hijo del Hombre a Israel (a través de esos dos profetas de Apocalipsis 11) sabremos que el tiempo de la resurrección y transformación de nuestros cuerpos está cerca (Romanos 11:15).

11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Mientras aquí, en el v. 11, como que está supeditado a nuestra madurez, quizá conforme a Efesios 4:13, “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”

12 Ahora vemos por espejo, oscuramente [un dicho oscuro o enigma]; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

Los espejos en tiempos del apóstol Pablo no eran como lo son hoy. Por entonces, los espejos eran hechos de metal (cobre u otro metal pulido, hasta oro en familias pudientes) pulido; pero, por más pulidos que fueran, la reflexión del rostro no era perfecta como lo es hoy, con los espejos de hoy; y, con este ejemplo, el apóstol daba a entender la dificultad que había y hay aún a algunas partes de la Escritura que, en tanto no haya manifestación del Espíritu de Dios, no podremos entender, lo veremos oscuramente, no tendremos claridad.

“mas entonces veremos cara a cara.” (v. 12b)

¿Y cuando será esto? Creo que 1 Juan 3:2 nos lo explica:

2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos [cara a cara] tal como él es.

El evangelio nos habla de Su inminente manifestación en gloria, en Su retorno. Por ejemplo:

“esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:7)

“aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13)

Y, por otro lado, hay partes de la Escritura que aún nos resulta difícil entender en su plenitud; o, si algún ministro o ministerio lo entiende, su entendimiento es muy distinto de la mayoría de ministros y ministerios, lo que genera confusión; como, por ejemplo, lo relativo a la Semana Setenta de Daniel 9, o el significado de los Siete Truenos de Apocalipsis 10, y otras partes de este bendito libro con enigmas.

Así, mientras no se ha completado todo el conocimiento de que habla el apóstol para condicionar la terminación del don o manifestación del Espíritu Santo en conocimiento o ciencia, y lo mismo en profecía, creo que no hay razón suficiente como para proscribir o prohibir el profetizar y el hablar en lenguas; es más, sé de muchos hermanos y hermanas que hablan lenguas genuinas; como, seguramente, hay quienes son impostores. Por ello, cuando nuestros hermanos pentecostales “fuerzan” a los creyentes a hablar en lenguas, pueda que eso manifieste demonios; porque, como lo leemos en 1 Corintios 12:3, algunos en las iglesias en Corinto maldecían a Jesús, probablemente mediante supuestas lenguas que se atribuían ser de Dios pero, por lo que allí se lee, eran de demonios. Según lo entiendo por todo el capítulo 12 de 1 Corintios, el Espíritu Santo imparte el don o manifestación que Él quiere (v. 11); ¿cuándo?, al momento en que el creyente es bautizado en el Espíritu Santo para, de esta manera, constituirse en miembro del Cuerpo de Cristo (v. 13).

Pablo hablaba lenguas más que todos sus contemporáneos, más que todos en las iglesias en Corinto; que, si éste fuera un don pequeño, el último, como algunos afirman atrevidamente (aunque ni es el último, el último es el de interpretación de lenguas, según el v. 10), no habría sido considerado para ministrar al gran apóstol Pablo.

En el capítulo 14 de esta carta de 1 Corintios, el apóstol termina exhortando:

39 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; 40 pero hágase todo decentemente y con orden.

Amén.


sábado, 14 de septiembre de 2024

PREGUNTAD POR LAS SENDAS ANTIGUAS

E

n un mundo que está a tono con la moda (aquello de que “la moda no incomoda”); que, evidentemente, está en busca de cosas novedosas que lo distingan; porque, si permanecen en lo mismo, como que sienten estancados, sin proyección, sin vida; y, por lo mismo, y otras razones que parecerían ser fundamentales (aunque realmente son vanas), evolucionan en su moda, en su apariencia. Evidentemente, para ellos el clamor de Yehováh Dios: “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.” (Jeremías 6.16), resultaría ridículo, retrógrada, impensable. “¿Preguntar por lo antiguo habiendo algo moderno, actual? Ni pensarlo.”

 


Yehováh dio Su ley a Israel y, a nosotros, la iglesia gentil, además de la ley (porque Dios no ha abrogado Su ley, Mateo 5.17-20), el cumplimiento de Sus promesas de gloria en Cristo Jesús; y, si entendiéramos el mensaje de la cruz, en palabras del apóstol Pablo (1 Corintios 1.18), entenderíamos lo importante y necesario de vivir o esforzarnos en vivir conformes a los mandamientos, instrucciones y promesas de Yehováh Dios; y, siendo que Él no cambia (Malaquías 3.6; Hebreos 13.8), reconocer que Sus mandamientos tampoco cambian en el tiempo. Él no está inventando algo nuevo para sentirse realizado; y, lo que nos ha provisto desde antes a través de Él mismo (Jesús), Sus apóstoles y profetas, es suficiente para vivir abundantemente y estar preparados para Su inminente retorno en gloria por una iglesia santa, sin mancha y sin arroga (Efesios 5.27). ¿Difícil? ¡Imposible! Pero, con Su ayuda, lo lograremos.

 Hoy, por ejemplo, causa admiración como nuestros jóvenes, y hasta adultos, usan pantalones rotos; cuando, tiempo atrás esta rotura era sinónimo de pobreza, de andrajo, de mendicidad y hasta de locura. Hoy, gente se viste con camisas de marca, y con botones pero, en vez de andar con la camisa abotonada, lo hacen totalmente desabotonados; luciendo, por así decirlo, el polo o bivirí que llevan por dentro y, en algunos casos, hasta su desnudez. ¿Por qué esta irracionalidad? ¡Pregúnteselo!

 Y, cuando hablamos de retornar a las sendas antiguas, que aquí nos propone; ¿para qué?, como bien lo leemos en este mismo versículo: “y hallaréis descanso para vuestra alma”; muchos, obstinadamente, aprueban continuar igual o, lo que es peor, modernizar la iglesia; y, tal como lo vemos, a tono con el mundo. ¡Frustrante!

 En 1 Juan 2.15-16, el apóstol y escriba de esta epístola o carta nos dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” Así, quién aún ama este mundo o sistema de cosas que reina en el mundo, claramente está demostrando no comprender el amor de Dios, como Él mostró Su amor a través de Jesús. Luego, en el capítulo 4 y verso 19 de esta misma epístola o carta, el apóstol agrega: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” Así, si alguno ama a Dios, si alguno ama a Jesucristo, necesariamente será porque -primero- comprendió Su amor por nosotros, los pecadores; y, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3.16) será su cántico, su alabanza en el corazón, en un corazón evidentemente agradecido.

 Sí, esta exhortación es para la iglesia, no es para el mundo (el mundo seguirá igual, y peor); y, si usted que es cristiano o cristiana está dispuesto a volver a las sendas antiguas, al buen camino, donde nos es prometido que hallaremos descanso para nuestras almas, y ese Camino es Jesús (Juan 14.6; Mateo 11.28-29), entonces considere Hechos 2.38-39; porque, allá en el principio de la Iglesia, todo creyente que se reconoció como pecador, y reconoció a Jesús como su Salvador, tan luego se arrepintió de su pecado, éste fue bautizado en las aguas en el nombre de Jesucristo, no en el nombre de ‘Padre, Hijo y Espíritu Santo’; y, como lo leemos en el verso 39, “y recibiréis el don del Espíritu Santo.” La presencia del Dios eterno, que un tiempo habitó en una tienda y, después, en el templo que Salomón Le edificó, ahora está morando en templos de carne humana, en nuestros cuerpos siendo nuestro Consolador, guiándonos a toda verdad, a toda justicia para ya no más pecar (por lo menos, ya no deleitarnos en el pecado), no ignorante y neciamente, para cosechar Sus bendiciones, santificándonos en la fe hasta Su bendito retorno. Ya no hay frustración sino ¡REPOSO, DESCANSO! ¡Halleluyah!

 ¿Anhelas retornar a la senda o camino antiguo que, como lo leemos, es ‘el buen camino’? Entonces, cree en Jesucristo, ‘el Camino, la Verdad y la Vida [Eterna]’, y serás salvo tú y toda tu casa (Hechos 16.31); y, cuando lo hayas aceptado, reclama a tu pastor o maestro, evangelista, apóstol o profeta, que te bautice invocando el nombre de Jesucristo, no una trinidad, la Senda o Camino Antiguo.

 ¡Shalom!

lunes, 9 de septiembre de 2024

Si Ud. no soporta la corrección, tiene que regresar a Casa.

456 Y este hermanito, él era un hermanito maravilloso; yo creo que era un hombre salvo por Dios. Y él consiguió un trabajo aquí en el… en Vorgang’s. Si alguno de su pueblo está sentado aquí, espero que Ud. no piense que yo… Yo no lo conozco a Ud., si está sentado aquí. Pero, Ramsey, el Hermano Ramsey, ¿cuántos recuerdan al Hermano Ramsey aquí en la Iglesia de Dios? Seguro que sí, un hombrecito maravilloso. Y él venía a mi casa y hablábamos, y nos sentábamos allí y llorábamos tomados de las manos; un verdadero Cristiano.

457 Un día yo fui allá, acababa de llegar del exterior, de una reunión, llevé mi auto para que lo revisaran, el Hermano Ramsey dijo: “¿En qué te puedo ayudar, Billy?”.

458 Dije: “Revíselo, Hermano Ramsey, cámbiele el aceite”.

459 “Muy bien” dijo él, “con mucho gusto”. Dijo: “¿Te fue bien en la reunión?”.

460 Yo dije: “¡Oh, Hermano Ramsey, fue maravillosa!”. Dije: “Desearía que pudiera acompañarme en algún momento. ¿Por qué no me acompaña?”.

Él dijo: “Ya no sirvo más al Señor, Billy”.

Miré alrededor, dije: “¿Qué dijiste?”.

461 Él como que dijo: “Yo ya no Le sirvo”, y se fue.

462 Y pensé: “¡Oh, sólo bromea!”. Continué con lo que hacía, me fui a otra parte.

463 Regresé y recogí mi auto. Llegué a casa, y empecé a pensar en eso: “Ya no sirvo más al Señor”.

464 El Señor me puso en el corazón regresar y preguntarle otra vez. Así que, dije: “Meda, defiende el fuerte”.

465 Y me subí, entré en mi auto y regresé allá, me detuve nuevamente, entré a Vorgang’s. Dije: “Hermano Ramsey, quiero hacerle una pregunta”.

Dijo: “Muy bien, Billy, ¿cuál es?”.

Dije: “Ud. dijo hace un rato que ya no servía más al Señor. ¿Ud. sólo bromeaba conmigo, verdad?”.

Él dijo: “No”.

Yo dije: “Hermano Ramsey, Ud.—Ud. no lo dice en serio”.

Él dijo: “Sí”.

Yo dije: “¿No lo amas?”.

Él dijo: “Si lo amara, yo le serviría, ¿verdad, Billy?”. Y se fue.

Pensé: “¡Oiga, Hermano Ramsey!”.

Dijo: “No quiero hablar más de eso”.

466 Me fui a casa, entré en el cuarto, cerré la puerta. Y, ¡oh!, Uds. saben cómo uno se siente muy pesado, como si le hubieran quitado las galletas a un niño o algo, Uds. saben. Yo—yo pensé: “¿Qué? No puede ser. Seguramente algo le ha pasado al Hermano Ramsey”.

467 Y había un muchachito de color llamado Jimmy, él viene aquí a la iglesia. Tiene una pierna… Uds. saben, como que cojea. Olvido su nombre, trabaja allá en Vorgang’s, conduce la grúa. Él me encontró, y dijo: “Sabe, Reverendo Branham” dijo él, “no entiendo aquí esto con el Dr. Ramsey”. Él dijo: “Le dije el otro día, dije: ‘Todos por aquí temíamos de siquiera abrir nuestras bocas’. Dije: ‘Ud. era un hombre piadoso’. Pero” dijo, “él tomó su licencia de predicar y fue a la basura y las rompió, y las arrojó en la basura, dijo: ‘No quiero tener nada más que ver con esto’”.

Él le dijo: “¡Oiga, señor!”. Dijo: “Ud. no debería hacer eso”.

Él dijo: “¡Oh, Jim, mi servicio al Señor ha terminado!”.

Entonces él continuó, dijo: “¿No es en serio?”.

468 Y dijo: “Entonces me contó, dijo que él había ido a pulir las válvulas, el día festivo del Trabajo”, creo que era. “Y él le dijo: ‘Ahora, quiero que vengas y me ayudes, Jim’”.

469 Él dijo: “Yo le ayudaré, después que llegue de la iglesia, pero primero voy a la iglesia”.

470 Dice que regresó, “Y el Señor Ramsey estaba puliendo las válvulas de su auto. Él le dijo: ‘Jimmy, cruza el río. Aquí las cantinas están cerradas. Cruza el río y tráeme una caja de cerveza’”.

471 Él dijo: “Señor Ramsey, yo he sido culpable de muchas cosas, pero nunca seré culpable de traerle a un siervo del Señor una caja de cerveza”. Él dijo: “No, señor, yo nunca haré eso”.

472 Y él le dijo: “Pues, ve a traerla, Jim”.

473 Él dijo: “Señor Ramsey, yo le pulo las válvulas. Pero si Ud. quiere cerveza, Ud. mismo vaya por ella”. Él dijo: “Yo nunca le voy a traer a un siervo del Señor algo así”.

474 Entonces Ramsey se subió al auto de Jimmy, cruzó el río; regresó medio borracho, con una caja de cerveza, tomando.

475 Él empezó a decaer y enfermó. ¿Ven? Dios no podía hablarle. Yo le advertí, hice todo lo que pude. El Hermano Smith fue a visitarlo y le advirtió. Todos trataron de hacer todo lo que pudieron por él. Pero todavía él meneaba la cabeza. ¿Qué sucedió? Él se enfermó y murió. Eso muestra que él era un hombre salvo. Si Dios no podía hacer que él… traerlo a obediencia, Él tendría que llevárselo de la tierra y traerlo a Casa. Eso exactamente es lo que dice la Biblia; es lo que la Biblia promete. Si Ud. no soporta la corrección, tiene que regresar a Casa.

476 Así que Dios no puede perderlo a uno después que lo ha salvado, pero sí puede acortarle los días aquí, y hacerlo pagar por cada pecado que Ud. haya cometido. Así que, si Ud. peca, va a tener que pagar por lo que ha hecho. Sólo recuerde eso.

477 Ahora, que el Señor ahora los acompañe. Yo creo, en esta noche, que el Hermano Ramsey fue salvo. Absolutamente, yo lo creo. Pero simplemente es que él no le obedeció a Dios, y cuando no le obedeció a Dios, Dios tuvo que traerlo a Casa. No había más que hacer, porque ¿qué era? “Él traería reproche y desgracia a la Sangre con la cual él fue santificado”. ¿Es correcto eso? “Y tener el pacto como una cosa inmunda”, si eso no es exactamente lo que esta Carta de Hebreos dice. ¿Ven? Sería imposible que él se perdiera, pero él traería vergüenza y desgracia, así que Dios tendría que quitarlo de la tierra y traerlo a Casa. Eso exactamente es lo que sucedió.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Cuando la respuesta es no

El Señor puede no darnos lo que le pedimos cuando tiene un propósito más elevado en mente para nuestras vidas.

P

ienso en la espina en la carne de Pablo. Él dijo: “Tres veces rogué al Señor que la quitara de mí”. Pero Dios no lo libró. ¿Por qué? Dios le había dado a Pablo una abundancia de revelaciones, y esa espina en la carne era necesaria para mantenerlo humilde. “Me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca desmedidamente”. Pablo dijo: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:7-10). En realidad, Pablo aprendió a regocijarse por esa espina podrida, porque experimentó el gran poder de Dios como resultado de la debilidad.


Considere la oración de Jesús que no fue respondida. Aunque oró tres veces: “Padre, si es posible, pase de mí esta copa” (Mateo 26:39), bebió la copa. ¿Por qué? Porque Dios quería traer salvación a cada uno de nosotros. Cabe señalar que Jesús, aunque ofreció su oración al Padre, agregó lo que es tan importante para cada oración: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Esa es la clave de la obediencia y la oración.

“Señor, esto es lo que quiero. Este es mi deseo. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. ¡No se puede mejorar eso! Porque el verdadero propósito de la oración nunca es que se haga mi voluntad, sino la de Él.


Tomado del ministerio PrayerRequest.com